Dic 19, 2012 - Narrativa Breve    2 Comentarios

Un viaje singular

Estas parado allí en una vialidad de la Ciudad de México, y no entiendes la complejidad del trafico de la capital pero detestas las marchas y los embotellamientos porque te complican la movilidad. Afortunadamente pronto vendrán por ti, como de costumbre. Justo a la hora indicada llega la limusina anaranjada, como le llama mi entrañable hermano Lupiyo. Te dispones a abordar este singular transporte para iniciar una travesía de acontecimientos inesperados, por decir lo menos. La primera señal de este vehículo, predilecto del pueblo, es la aglomeración. Multitudes corren a prisa por sus andenes y casi enseguida saturan los vagones, donde nunca hay asientos suficientes. Por eso nunca falta quien inevitablemente se incomoda con la cercanía de sus compañeros de viaje, pero seguramente le reviran ¿Qué esperabas por tres pesos? Ante lo cual, el reclamo cesa abruptamente y el resto del trayecto se recorre en absoluto silencio. Algunos duermen en la silla como princesas de cuentos de hadas, como si el mundo fuera un lugar de maravillas, o como si su parada estuviera a varios días de camino, aunque al cabo todos presienten el lugar de su descenso como si un específico pedazo de tierra ejerciera una influencia sobre los cuerpos, cual imán atrae al acero. Otra minoría predilecta se deleita durante el viaje leyendo un buen libro desde la comodidad de su asiento. Aunque la mente de esos lectores no viaja con el resto de los pasajeros, solo se desplaza con el conjunto su cuerpo ausente, cuya apariencia proyecta gestos de emoción y contento, inocultables durante una buena lectura. También los comerciantes hacen acto de presencia durante toda la ruta, pues el intercambio de bienes nunca se detiene como rasgo característico de esta metrópoli, así sea la venta de un objeto para rascarse la espalda o una colección de enciclopedias. Pero eso sí, allí todo es barato, acorde con las circunstancias de un viajero que no busca lujos, sino más bien, la eficiencia. Y por supuesto que no puede faltar el contador de chistes. Ese ingenioso personaje que intercambia sonrisas por alguna moneda, a voluntad del pasajero.

La próxima vez que viajes en metro, te recomiendo evitar las horas pico, porque si no te aplastaran como una banana, y probablemente tendrás sauna y masaje sin costo extra en el boleto. Incluso habrá momentos en que tendrás la sensación de que la gravedad se detiene cuando tu cuerpo quede suspendido por fuerzas extrañas de multitudes silentes. De allí en fuera, como se dice coloquialmente, disfruta la grata experiencia de viajar en la limusina anaranjada que te brindara momentos únicos, si te das la oportunidad de apreciar la vida en sus detalles.

Una tía que vive en el rancho

Una tía que vive en el rancho me dijo que mi madre había encontrado un pedazo de papel escrito por mí y lo habían leído juntas, pero que las había hecho llorar. Escribe bien, se dijeron entre sí.

Creo recordar aquella escritura. Fue producto de una de las mayores impresiones de mi vida. Un caballo viejo, utilizado como bestia de carga, era golpeado severamente por uno de mis primos en la cuesta de un cerro. La inclinación del terreno y la magnitud de la carga impedían a la pobre bestia avanzar. Su dueño inconsciente le exigía ascender azotándole con brutal fuerza. Tal fue la impresión que me causó, que creo haber percibido la desesperación del animal. Cuando vi sus ojos, encontré un profundo sufrimiento y me hizo recordar algunos de los momentos más difíciles de mi vida, sentí empatía y casi pudo transmitirme el dolor de su carne. Ese día me pregunte por el derecho del hombre sobre los demás seres del universo; ese día vi llorar a un animal cual mudo acompañante del hombre en el trayecto de miseria y dolor en esta tierra caótica y fría; esa vez también percibí el mal en el corazón del hombre.

Quizá ese fue además el momento en que comencé a escribir.

2 Comentarios

  • Woww!!
    Me hace vivir el día a día. Sentado en mi escritorio y leyendo tan profundas palabras. Todo provinciano recordara su primer viaje en esa limusina anaranjada con tu gran obra, hermano!

    Me encanto tu motivo de expresar lo que sientes, de escribir para compartir y educar.

    Que agradable es conocer las raíces de un gran motivo y que apremiante es conocer la bondad de las palabras.

    Fuerte abrazó y gracias por acordarte de tu hermano.

    • De nada brother, gracias a ti por compartirnos tu opinión y en especial por inspirar un relato sobre la limusina anaranjada. Un abrazo!!!

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