Sep 27, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

Sicario / Ejercicios Negativos

SICARIO

Esta tierra que en otros tiempos fue bella, hoy tiene la sensación de una feria macabra, con olor a sangre fresca, con cráneos que adornan el camino a casa. Santos y canallas circulan por doquier, en senderos de melancolía; un verdugo duerme en el interior de almas fervientes. Todos estamos hasta el cuello de barro; la luz y las tinieblas de hombres perdidos y nauseabundos han provocado un extraño frío universal. El sicario, ese hombre que se comporta como si le perteneciera el futuro, camina con la irresponsabilidad de haber nacido sobre sus espaldas, porque no hay nada más fácil y natural para él que imaginar el suicidio ajeno. El odio corre por sus venas y su pulso se acelera. Trae una pistola escuadra calibre cuarenta y cinco empuñada en la mano, muy pronto, frente a él un hombre habrá perdido la vida. Sabe con certeza lo que se siente matar, quitarle la vida a otro semejante, pero no sabe si tenia hijos, si tenia esposa, para él solo representa un nombre, el nombre del enemigo. ¡Hay que eliminar a esos perros! ¡Que sepan quien manda! Fue la instrucción del patrón. Ha logrado escapar, la policía es tan ineficiente que huyó con cierta facilidad. Sabe que su móvil principal es la ambición, y la adrenalina que produce la impunidad, solo espera no caer pronto.

EJERCICIOS NEGATIVOS (E. M. CIORAN)

Hubo un tiempo en el que en cada morada veía alzarse una horca, de la que colgaba un cadáver, que se balanceaba nauseabundo antes de expirar. Y recorría las calles perseguido por ejecuciones invisibles: los instantes se desgranaban como ataúdes y saboreaba el tormento de sentirme único sobreviviente de una ejecución universal en la horca. // El aire no se renueva: ha pasado por todos los pulmones, ha quedado infestado para siempre por el tiempo, apesta a criatura. Todo me pesa: agotado como una bestia de carga uncida a la Materia, arrastró a mis espaldas los planetas y la locura de creerme todavía vivo, sino me ofrecen otro universo sucumbiré. // Sueño con querer y todo lo que quiero me parece sin valor. Como un vándalo roído por la melancolía, me dirijo sin fin, yo sin yo; hacía ya no sé qué rincones… para descubrir, un dios que el mismo fue ateo, y dormiré a la sombra de sus últimas dudas y de sus últimos milagros.

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