Sep 26, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

La Soledad de las Letras

 

¿Para quién escriben los escritores? Alguien ha sugerido que hay escritores que no escriben para nadie, que solo lo hacen para ellos mismos. Ponen de ejemplo a Franz Kafka que la mayor parte de su obra permaneció oculta y que a su muerte ordenó fuera quemada. O como Juan Rulfo que solo escribió dos obras, las que prácticamente le fueron arrancadas de las manos por un buen amigo y llevadas a la imprenta. Pero, la humanidad habría sufrido una perdida incalculable de mantener esos escritos en el anonimato, escritos “de soledad”, destinados al mundo entero. Mika Waltari inicia su libro “Sinuhé el Egipcio” desdeñando una escritura con propósito externo, de alabanza al poder, confiesa escribir para el mismo.

La novela “Lolita” de Vladimir Navokov, nos muestra los momentos de soledad de un hombre taciturno que recurre a compañeras de alcoba que merman la billetera. Un Humbert Humbert que encuentra en Monique, una compañera en momentos de soledad. Cariño pagado, momentos de placer que un hombre de letras se ve forzado a contratar. Los momentos de soledad que exigen las letras son irreversibles, el que escribe se vuelve un tipo solitario, se merman sus relaciones, se agudiza su individualidad. En algunos de sus escritos Baudelaire recuerda el episodio que vivió con Louise Villedieu, prostituta de cinco francos, que lo acompañó al museo del Louvre de París.

Jorge Luis Borges ha dicho que un libro es un dialogo, una forma de relación. Pero debemos reconocer la ausencia física del interlocutor, leer básicamente es una especie de exclusión voluntaria del mundo de los demás, un estado de soledad auto impuesto. Un escritor estorba en los grupos. Solo espera un momento de soledad para tomar sus libros e iniciar la aventura. El grupo estorba al escritor. Aquellos se encuentran inmersos en actividades “más importantes”, no es posible que pueda interesarles la reflexión sobre las cosas del mundo. En ese contexto, preguntarme quien soy, resulta una pregunta estúpida. Hay asuntos que estorban en momentos de diversión. Pero el problema es que la diversión puede concebirse de diferentes maneras.

¿Acaso hay alguna extraña conexión entre soledad y reflexión? Los momentos de soledad son necesarios para crear. Hay evidencia del tardío matrimonio de Sócrates, de la precaria vida sexual de Kant, o la de Nietzsche. De la homosexualidad de Wittgenstein o de Foucault. Los problemas en el ámbito sexual parecen recurrentes, las bromas crueles sugieren celebres escritores muertos célibes. Un trueque de placer físico por uno espiritual. El abandono de un anonimato de felicidad por una celebridad siempre incomprendida. Hay escritores que debieran considerarse auténticos héroes, pues han legado a la humanidad libros inmortales, pero en su tiempo siempre fueron incomprendidos, y su vida privada llena de carencias emocionales. Quizá realizo una interpretación demasiado cruda de la cosas, porque alguien puede rebatir que la actividad de los escritores no tiene porque mermar su vida emocional. Sugiero que así debería ser.

¿Qué tipo de placer puede encontrarse en la escritura que haga suponer que lo que se deja no es mejor que lo que se toma? El hombre ordinario desea los placeres del cuerpo y en ellos encuentra el sentido de la vida. El escritor busca un tipo de placer que podríamos llamar espiritual. No está saciando los deseos del cuerpo, está en la búsqueda de un alimento para el espíritu. Una frase, un pensamiento profundo, un análisis revelador que conecte nuestra parte intangible con lo intangible del universo. El hombre ordinario puede perder el asombro y asumirse como maestro. El escritor siempre es un alumno que puede sorprenderse y está dispuesto a aprender. Uno de ellos piensa que el poder es una meta no solo alcanzable, sino deseable. El otro, el escritor, piensa que el poder es detestable, el dominio se visualiza como algo indeseable. Una especie de sentimiento de anarquía parece dominarlos.

¿Se trata de un abandono del cuerpo y una entrega a la mente? No, más bien se trata del intento de renunciar a lo que es irrenunciable. El cuerpo exigirá su lugar al paso del tiempo. La espiritualidad de la escritura no es aplicable en todos los casos. Pensemos en el hombre espiritual por definición, Jesús, que nunca escribió nada. O en el escritor pervertido como el Marqués de Sade, que escribió para el cuerpo no para el espíritu

¿Tienes algo que decir? Seguir adelante y dejar un comentario!