Sep 27, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

La seriedad del solitario


La seriedad implica la ausencia de relajo; este último se configura en la comunidad de los presentes. Por lo que, la seriedad es eminentemente solitaria. No confundamos la simple risa, con el relajo, un fenómeno mucho más complejo que la primera. Aunque la mayoría de los fenómenos humanos están esencialmente determinados por la intersubjetividad entre individuos, afirmar la inexistencia del reír solitario sería una franca exageración. Lo anterior, porque la vida misma no puede ser vista como soledad absoluta, ese tipo de soledad es incluso inimaginable. Hay lapsos de soledad, en un mar de relaciones humanas. Es, incluso factible, sostener que el contacto y comunicación con nuestros semejantes es la regla, mientras que el aislamiento es la excepción.

Cuando hacemos un recuento de nuestras actividades diarias, desde el despertar hasta el sueño, desde la aurora hasta el ocaso, nos damos cuenta de que los momentos de soledad son menores a los de contacto con nuestros semejantes. Un comportamiento a la inversa, seguramente, implicaría problemas severos. Hablamos de soledad en su sentido más estricto, ausencia total de seres humanos. Aunque hay una soledad más aguda aún, la que implica además la completa ausencia de seres vivos, lo que sin duda llevaría implícita la propia muerte. Pues el alimento que nos permite vivir, está compuesto casi por entero de seres vivos. Siendo pues, nuestras relaciones con otros, la esencia de nuestra existencia, encontramos que los momentos de soledad no nos deshumanizan en tanto son intermitentes.

Esa soledad, a veces tan llenadora, parece necesitar su espacio en nuestro tiempo. Una cita contigo mismo, con tu propio y pesado ser interior. Ese sujeto al otro lado del espejo, con las mismas facciones, los mismos gestos y hasta los mismos pensamientos. Ese clon interno que habla y escucha la misma voz, ese que pregunta y responde con la misma tonada. Ese que ocupa su espacio, de vez en cuando, para platicar consigo mismo. Ese que tiene pocas veces para encontrarse con él, sin la presencia de testigos, es un compañero ocasional de nuestras conversaciones. Siempre conversaciones serias, salvo una que otra en la que el otro se hace presente frente al espejo. Ese encuentro, al que nos hemos tratado de referir, siempre se da en ausencia de relajo. Es un encuentro serio y de reflexión.

¿Cuándo fue la última vez que te reuniste contigo mismo? ¿Hace cuanto fue tu último momento de soledad?

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