Sep 27, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

La Muerte del Rey

En 1522 los perros de Colima empezaron a aullar ante la primer aparición de los Españoles en tierras colimotas, dice la historia de Colima. Vivaz narración que nos despierta la más profunda de las impresiones por la inevitable caída del reinado del Rey Colimotl, nuestro padre, a manos de los conquistadores españoles. El gran olfato de aquel itzcuintli, a la puerta del palacio, alertó al soberano de un peligro venidero. El Rey Colimotl, se incorporó, acarició la cabeza de su perro, se consternó por la mirada triste del can, cruzó la oquedad de su pirámide y mirando desde lo alto al horizonte tuvo un presentimiento catastrófico.

Su perro pelón había presentido la invasión del enemigo europeo. Esa noche el Rey Colimotl no pudo conciliar el sueño, en su vigilia recordó como había construido aquel reinado, celoso de su marginalidad y autonomía. Su Itzcuintli amaneció muerto. Quizá murió de la pena; vislumbró una muerte sangrienta de su pueblo y anticipó el viaje final para que su amo al momento de cruzar el río, tuviera el alivio de decir: “yo ya me lavé”, su perro bermejo lo estaría esperando a la orilla del río.

La mañana siguiente los invasores enfrentaron a los aguerridos colimas, fue necesaria una legión entera de españoles, la muerte de varios capitanes, y una desproporcionada desventaja en armamento de guerra, e incluso el apoyo de sus vecino purépechas, para que cayera el reino Colimotl. La invasión destruyó la tranquila vida cotidiana, el cómodo aislamiento. Generó una esclavitud indígena que tuvo que guardar el resentimiento y el rencor para mejores tiempos. Trescientos años de dominación, que implicaron la casi total aniquilación indígena, tuvieron que transcurrir para que una guerra de independencia, comandada por criollos y algunos mestizos, llevaran a esta tierra a su parcial autonomía, que siguió dejando en la esclavitud a sus indígenas, bajo una nueva forma de marginación: la discriminación.

La independencia respecto de los antiguos conquistadores españoles, solo significó para los colimas el inicio de una nueva batalla. La autonomía verdadera tenía que pelearse contra jaliscienses y michoacanos, los que reclamaban, cada uno para sí, el derecho de poseer el territorio colimense. Esta novicia batalla se perdió de nueva cuenta, puesto que durante muchos años el pequeño territorio se anexó a uno o a otro. Hasta que por fin, un buen día se le concedió la condición de Estado (1857). Pero cuando se iba a elaborar una nueva constitución para el país en 1917, el único diputado por Colima, que se atrevió a solicitar el ensanchamiento del territorio del Estado, mereció el desdén de los diputados del Constituyente ante aquella valiente propuesta, incluso los jaliscienses amenazaron con no moverle al caso, a riesgo de quedarse sin lo que en esa fecha les correspondía a los colimenses, y anexar todo el territorio a Jalisco.

Desde la muerte del Rey Colimotl hasta hoy, irónicamente se sigue con la batalla por defender el territorio, ante los nuevos conquistadores, mediante las nuevas guerras, pero motivadas por las mismas ambiciones. Dado que Jalisco insiste en su pretensión de reducir, la ya mutilada comarca colimota. Una evocación de la guerra del salitre contra los purépechas, en la que sin embargo, la victoria correspondió al Rey Colimotl; en esta nueva batalla el resultado es todavía una incógnita

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