Sep 26, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

La lectura y el progreso


El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro. En nuestro Estado se ha establecido abril como el mes colimense de la lectura y el libro, y a través de ferias, talleres y actividades artísticas se fomenta la lectura entre los colimenses. Destacada labor a favor de la cultura. ¿Pero cual es realmente el efecto de la lectura en las sociedades? Pues mucho se habla de este tema, atribuyéndole importantes efectos a su práctica. Existen tres ensayos que se refieren al libro y que en lo personal me parecen extraordinarios. Uno es de Alfonso Reyes, “Mal de libros”; otro es el de Augusto Monterroso “Cómo me deshice de quinientos libros” y el último, de Jorge Luis Borges, “El libro”.

Monterroso nos explica, con humor, en su breve relato el proceso que sigue el aficionado a la lectura que acaba convirtiéndose en escritor. La inteligencia empieza a medirse en función del número de libros que se poseen, y “el mal está hecho”. Te conviertes en asiduo visitante de librerías, y empiezas a contar los libros por cientos hasta que finalmente crees que “ya no sólo eres inteligente: en el fondo eres un genio”, esa es, dice el escritor, la vanidad de poseer muchos libros.

Alfonso Reyes, un maestro de la palabra, en su muy breve texto “mal de libros” expone este nuevo mal, que como el mal de amores trae perjuicio al aficionado a ello, pues cuando se entrega a los libros “olvida el ejercicio de la caza y la administración de su hacienda. Las noches, leyendo, se le pasan de claro en claro y los días de turbio en turbio. Al fin, se le seca el cerebro”. Coincide con lo que muchos autores han expresado, en diferentes formas, “leer y escribir se corresponden como el cóncavo y el convexo; el leer llama al escribir, y éste es el mayor y verdadero mal que causan los libros”. Pero al fin, aún cuando en esta época pudieran sobrar escritores, muchos solo son glosadores, como lo asegurara este escritor. Pero “tales autores, a imitación de la deidad antigua, no pisan el suelo: andan sobre las cabezas de los hombres; que si tocaran la tierra, aprenderían a hablar”.

Jorge Luis Borges, fiel a su estilo, describe con singular erudición la esencia del libro, nos dice que “de los diversos instrumentos del hombre el más asombroso es, sin duda el libro”. ¿A que se debe esta cualidad tan maravillosa? Se trata de un instrumento que no es una extensión del cuerpo, como lo son por ejemplo el microscopio o el telescopio, que son extensiones de la vista, o el teléfono que es una extensión de la voz. Se trata de otra cosa, pues “el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”. Pero sobre todo, Borges, asegura con certeza que “la literatura es también una forma de la alegría”, y cree que aquello que solo puede leerse con dificultad ha fracasado. La lectura de un autor debe producir felicidad, sin requerir un esfuerzo mayor. Critica a Joyce por su dificultad, y creo que lo hace con autoridad por las innumerables horas de alegría que ha producido a sus lectores a través de su genial y extensa obra.

Sin duda, una forma de felicidad es la lectura, y los libros son fuente de felicidad para la humanidad. Borges no se equivoca al reafirmar aquella premisa de Montaigne y Emerson de que el concepto de lectura obligatoria es un concepto falso, pues leer se convierte en una pasión y una forma de alegría. Sin embargo, ¿Dónde empieza el mal? Irónicamente los escritores dicen que eso ocurre cuando el lector ha sido atrapado por la lectura y comienza a acumular libros, a creerse inteligente y le da por escribir. Pero una cosa lleva a la otra, y el proceso de leer con afición desemboca en la manía de escribir. Pero escribir no debe ser tan malo. Y la sociedad debería poseer muchos escritores. Aunque si es cierta la afirmación de Virginia Wolf de que “la poesía depende de la libertad intelectual” y “la libertad intelectual depende de cosas materiales”, y los pobres no tienen muchas esperanzas de lograr esta libertad intelectual de la que nacen las grandes obras literarias. Entonces para crear una sociedad de lectores, y escritores primero hay que acabar con la pobreza.

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