Sep 26, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

Guerras


En un sillón reposaba el cuerpo enfermizo de Ivanisevic, líder supremo del ejército español. Trajeron ante su presencia al soldado Rodríguez, señalado como el insurgente traidor. Su mirada se fijó sobre el amplio pecho de Rodríguez, sus ojos dispararon miradas de pólvora sobre su corazón. El soldado pidió que lo acribillaran ante la distinguida presencia del general. Pero Ivanisevic se negó, y le dijo: “usted Rodríguez es como un niño engañado, abandonado en algún cine nacional después de una película de terror. Cree que su falso valor le dará algo de gloria, pero cuando la guerra termine nadie sabrá de su miserable existencia. Qué pasa con ustedes soldado ¿no tienen memoria o vuestras mentes están en crisis?”. Rodríguez le contestó “Se equivoca señor. La guerra es más nuestra que de vosotros porque ustedes luchan por nada, solo matan compatriotas y héroes. Pero le pido que imagine que sobre su mesa reposa un revolver cargado, sobre un libro que habla de la pacificación de España. Todas las noches ha leído ese libro y sabe que los agravios no se resuelven en los muros de Santander, fusilando a sus hermanos, pero le hormiguea la mano ante el revólver cargado y el olor a pólvora, huele la muerte de su enemigo y la desea. Nunca pacificaran España matando a los inconformes. Este seguro que sobrarían nuevos reclutas con ánimo para nuestra causa, y aunque no podemos confiar en sus ganas, sepan que podrán quitarnos todas las armas ¿pero como habrán de desarmar la carne?”

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