Sep 27, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

El futuro del prólogo


¿Para qué sirven los prólogos e introducciones de los libros? ¿A qué se debe ese afán de presentar los libros con estos comentarios preliminares? Quizá debería mostrarse primero el contenido esencial y luego estas observaciones o comentarios de terceros; porque así evitaríamos ser inducidos o preparados de manera sesgada a un texto que aún no conocemos y ante el que no conviene predisponernos. A todo texto filosófico o científico, y aún al puramente literario, debiera publicársele desnudo, en su esencia original, sin comentarios previos de terceros ni prólogos presuntuosos o quejumbrosos del autor. Lo conveniente sería incluir al final de la obra algunas páginas en blanco para que el lector serio escriba sus propias opiniones de aquel texto que le fue entregado sin mayor preámbulo e inducción. Al final, la opinión del lector alumbrará como el producto limpio y transparente de su esfuerzo. Esa personalísima impresión que el texto ha generado en él constituye la verdadera y genuina aportación del autor a su época. Nadie necesita que le aclaren el contenido y los antecedentes en que fue escrito un libro, tal y como, del mismo modo un diamante o el estiércol no necesitan ser anunciados pomposamente por merolicos, puesto que su sola vista lo dice todo. Un libro ha de hablar por sí mismo en cada palabra de la primera hasta la última página.

Algún día en el futuro vendrá la abolición de las fastidiosas introducciones y prólogos que anteceden la medula del libro. Ese día se instituirá el espacio en blanco al final de los verdaderos libros. Será la inauguración del compromiso del lector con la lectura y la comprensión. Una emancipación del pasado en que se le consideraba perezoso e idiota. Nunca más un escritor ignorará el impacto de su obra entre sus lectores. Puesto que aquellos que le han leído le entregaran hojas llenas, o tal vez vacías, de críticas o elogios. Posiblemente coincidencias o desencuentros, aportaciones o correcciones, y probablemente algunas enseñanzas sobre su propio manuscrito, sobre su visión del mundo. Solo bastará que el escritor compre a sus lectores sus libros ya comentados, o que se organice donaciones masivas de sus propios textos. Esos acontecimientos que veremos en el futuro cambiaran para siempre el mundo de los libros.

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