Sep 27, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

El cuarto de los espejos

Existe un lugar en el que, más que en cualquier otro, abundan las contradicciones. Es un cuarto de espejos, lleno de hombres y mujeres de la más diversa índole. Reflejos invertidos repletos de deseo, saturados de esperanza. Sobre esa sala caminan hombres deseando ser mujeres, o mujeres deseando parecer hombres. Los gordos anhelan ser flacos, y estos últimos anhelan un poco de mayor volumen corporal. Los niños desean ser hombres, los hombres desean volver a ser niños. Hay vanidad en algunos rostros, otros ocultan una honda tristeza. Los unos, seres decepcionados cuya mirada y paso decadente exigen un poco de consuelo, los otros encerrados en sí mismos ignoran su alrededor para concentrarse en la imagen que les regresa el espejo.

Ahí se viste ropa ligera, aunque algunos caminan semidesnudos. El espíritu de la perfección divaga en el ambiente, no existe uno solo de ellos que no quiera apresarlo. Lo he llamado el lugar de las contradicciones porque no existe visitante alguno que no esté acompañado de su contradicción. La membrecía implica que cada socio debe hacerse acompañar de la sombra de su cuerpo. Esa arrastrada que nunca llegará a ser un autentico cuerpo, gris, sin vida, hija de la luz, que por sí misma no es nada. Una sombra encadenada a la vanidad, al ideal de perfección, a una realidad frustrada; dejándose arrastrar por aquello que la subyuga, que la somete, que la obliga a transformarse. ¿Cómo liberarse de los grilletes, como romper las cadenas? Ese pensamiento libertario está prohibido. Las cadenas nunca se habían disfrutado tanto, el dolor nunca había sido tan placentero. Ahí las contradicciones son la regla.

Los maestros que ahí gobiernan, dicen que el dolor hace mejores a las personas. Este es un dolor auto infringido, aquel que lo recibe (de su propia mano) es el mismo que lo ha pedido, es además el que lo disfruta, es aquel que parece volverse mejor persona. Cada día acude a aquel cuarto por su dosis diaria, maltratar al cuerpo redime el espíritu, forzar la materia la vuelve susceptible a la espiritualidad. He aquí otra de las contradicciones favoritas de este lugar. Quizá esta sea la única conexión espiritual que el aposento promueve entre cuerpo y alma, todas las demás están ausentes, ahí gobierna la materia. Todo se hace por la materia, todo se somete a ella, en ella se funda toda circunstancia. El soplo de Dios ha viajado a las bibliotecas, o los templos, en el cuarto de los espejos es un visitante extraño; si es que en ocasiones excepcionales osara aparecer.

Tal vez en unos meses, cuerpos deformes que entraron al cuarto de los espejos saldrán más perfectos, su materia se ha vuelto superior, más poderosa. ¿Podremos decir lo mismo del espíritu que ahora sale? Es posible que la vanidad esté hinchada y no deje espacio para crecer al espíritu.

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