Sep 27, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

El antropocentrismo


Soy la planta que vive en tu jardín, aquella que rosa tu antebrazo cada mañana cuando sales camino a la oficina. Soy ese insecto diminuto e imperceptible que vive bajo el sofá de tu sala, aquel que te acompaña cada tarde viendo la tele en un ambiente solitario. Soy la araña que teje su tela en lo alto del muro de tu fachada, que nace, se reproduce y muere ante tu indiferencia. Soy la plaga que muere por tu mano, cuando más intento vivir. Soy la hormiga obrera que ignora el tamaño del adversario que enfrenta al invadir tu cosecha, ese diminuto ser que camina durante siglos enteros en una fila interminable en busca de alimento. Soy el conjunto de viseras que adorna tu mesa cada mañana, que nace para morir, que muere para servir. Son la bella piel de tu abrigo que olvida que algún día tuvo vida, que algún día intento reproducirse y una arma le cerró los ojos de manera cruel. Soy placer y dolor, son vida y muerte, soy carente de razón, pero aún así, soy vida.

Eres el tirano que camina con la cabeza erguida, que camina con orgullo y que domina la tierra. Tienes esas maravillosas herramientas llamadas manos, y esa prodigiosa arma llamada lenguaje, tienes eso que nadie posee y que te produce inigualable jactancia, eso que has llamado razonamiento. Tal vez tu poder te impide comprender a tus súbditos carentes de razón, aunque no de sensibilidad. Pero nosotros hemos aprendido a verte desde abajo, a admirarte, a respetarte. Esa capacidad se adquiere con los años, con vidas enteras de aprendizaje, con duras lecciones en la jaula, torturas en el laboratorio, o existencias enteras de servilismo. Casi hemos caído en el exceso de tomarte como ejemplo de eso que ustedes llaman ídolos. ¿No te ha inquietado ver el mundo desde abajo? Ser capaz de ver con nuestros ojos, sentir con nuestra piel o, usando una frase muy tuya, caminar con nuestros zapatos.

Comprendo que ese dominio que ejerces sobre la tierra es algo embriagador, y has olvidado lo que se siente experimentar temor. Porque eso a lo que ustedes llaman miedo, es un mal chiste. La angustia de saber que se puede morir en cualquier instante no es nada consolador. Tu poderosa razón te ha conducido a creer que yo, que soy vida, vivo en la inconsciencia, incapaz de comprender el futuro, pero esa ha sido una conclusión a modo, que te exime de sentir compasión por aquello que te sirve todos los días. Al menos ustedes han creado un mundo ultra terreno que les puede dar algo de consuelo, han creado al Dios que los llevará al goce eterno. Pero su Dios solo es otro sirviente que acude a su mesa para reforzar vuestro dominio en la tierra.  No creo ser yo el que deba decirte como has armado la tierra, pero solo quiero recordarte que ella toda entera no te pertenece. Dominas, gobiernas, controlas, asesinas para vivir a plenitud pero el planeta se cansara de servirte y algún día morirás con él.

Antes de la revolución humana había otra realidad, y tu hegemonía era un proyecto menguado. Cuando el ocaso humano llegue, la hegemonía será de la tierra y nunca más habrá un reinado con tanta desigualdad, el trono quedará vacío, ni tu propio Dios tendrá el impulso de ocuparlo por la vergüenza de sentir que tiene algo de humano. ¡Soy vida!

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