Dic 14, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

Dos ficciones soñadas

Imagine usted una sociedad en la que reina la desigualdad y la injusticia. En ella gobiernan hombres o mujeres sin escrúpulos que sólo buscan el poder para satisfacer sus ambiciones de  riqueza y dominio. Allí los partidos políticos no tienen ideología ni principios, y aquellos que la poseen nunca ganan las elecciones. Pero aún allí, en esas sociedades perdidas, hay hombres y mujeres que luchan por la transformación de la realidad. Luchan en vano, pues asemejan una voz que se ahoga en la bastedad del desierto. Sin embargo, ese anhelo imposible de cambio, por alguna extraña razón persiste en la lucha, y contra todo sigue en pie, en busca de un triunfo imposible. Hoy soñé que ese triunfo llegará y la patria será nueva.

Había leído sus magníficos escritos, y estaba convencido de su lucidez, sin duda una mujer inigualable. Su mente prodigiosa es un fenómeno único, sin ningún analagon significativo en el mundo actual. Por azares del destino la conocí en circunstancias poco usuales, deambulando por el barrio bajo de la ciudad. Me sorprendió verla llegar a una choza humilde y modesta, verla haciendo una vida normal e insignificante. Aquella imagen me resultó sumamente contradictoria con la que yo había formado en mi mente. Tal vez la grandeza no sea una cuestión de lujo, pero aquella mente tan prodigiosa no podía perderse en esa vana cotidianeidad. Una mujer capaz de movilizar multitudes con la fuerza de su talento, y el poder de sus ideas, perdida en trivialidades de la cocina o en los precios de la canasta básica. ¿Acaso es este el nuevo disfraz de la grandeza?

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