Sep 26, 2011 - Narrativa Breve    No hay Comentarios

Al maestro


Escribir un modesto elogio a quienes han contribuido a nuestra formación, es apenas un acto de mínima justicia. Y es posible distinguir a dos clases de maestros: aquellos que a lo largo de nuestra vida nos han guiado en el camino del conocimiento desde las aulas escolares, esos hombres y mujeres que tienen un rostro familiar para nosotros y que nos han acercado el conocimiento a través de su pericia; y aquellos maestros que tienen un rostro desconocido, que no obstante que son famosos por sus libros, solo tenemos acceso a ellos a través de nuestras lecturas. Desde luego que esta clasificación es por demás limitada, sin embargo, solo intento apelar al sentido de gratitud de los que somos, y hemos sido, alumnos para con los que son y han sido nuestra fuente de inspiración.

 Los más grandes maestros de la historia de la humanidad son sin duda: Sócrates y Jesús. Hombres sencillos, cargados de más virtudes que defectos, muertos trágicamente por actos de injusticia, que sin haber escrito un solo texto han legado a la humanidad (al menos a la occidental) más de lo que imaginamos. Nuestra concepción del mundo esta profundamente perneada por sus enseñanzas, y no es que ellos solos hayan dicho todo lo que podía ser dicho, sino que en realidad fueron fuente de inspiración, representaron principio y consecuencia de grandes acontecimientos que han marcado a los hombres de todas las épocas históricas, hasta el día de hoy. Es arbitraria mi elección de los maestros más grandes, pero estoy seguro que no carece de fundamento.

 Digno es para un discípulo reconocer al gran maestro, pero no solo a aquel que ha sido fuente original de toda inspiración y conocimiento sino a aquel hombre “ordinario”  del aula que entrega su tiempo y su vida a formar las nuevas generaciones. Como podremos darnos cuenta no tiene nada de ordinario puesto que su tarea es de las más relevantes en la sociedad, en sus hombros descansa gran parte de la esperanza de una nación, porque el maestro enseña no solo “conocimiento estático”, si se me permite la expresión, sino que es fuente viva de enseñanza practica. Es decir, un conocimiento estático o vació es aquel que no conduce a la acción, que carece de un objetivo moral, y que incluso no debería llamarse conocimiento. Toda enseñanza ha de conducir a la virtud, a formar hombres buenos. Pues no se trata solamente de incorporar autómatas a un mundo que hoy día exige una conducta moral decidida para solucionar los problemas de nuestro tiempo.

 Aún en estos maestros del aula es posible encontrar diferencias dignas de reconocerse. Y concédaseme crédito en lo que digo porque he sido alumno durante toda mi vida, al igual que gran parte de la sociedad, supongo. El maestro universitario más brillante no es aquel que llega al aula con la desbordada intención de transmitir todo lo que sabe, porque aún cuando sepa demasiado es mal maestro si descuida un aspecto esencial: el conocimiento es un proceso de construcción, donde el alumno tiene un papel fundamental, por lo que resulta crucial que participe y se le tome en cuenta. Parece que expreso algo sin importancia, y que de hecho se da. Sin embargo, me parece que en ocasiones el maestro esta tan ansioso de transmitir aquello que sabe que ni siquiera repara en darse cuenta si el otro esta efectivamente comprendiendo o siendo receptivo. Y parece escuchar las dudas y responderlas, pero no con una genuina preocupación de que el interlocutor este comprendiendo sino en que él pueda expresar todo lo que sabe. No quisiera decir que esta actitud de algunos maestros va en el sentido de lucirse, pero es tarea de un buen maestro eliminar ese sentimiento, un tanto arrogante, para centrarse en que el discípulo no solo sea capaz de entender e interesarse, sino contribuir con sus opiniones a la construcción del conocimiento. Aún cuando esto implique que el maestro se reserve la conclusión que al final del camino ambos descubrirán, permitiendo al alumno sentir que ha contribuido a ello.

Un sincero elogio al maestro que realmente se preocupa por formar esta clase de alumno. Que resumiría en unas pocas palabras: un alumno moral, crítico y activamente participativo en el proceso. Evitemos a toda costa traicionar la esencia del buen discípulo adoptando los vicios que exigimos estén ausentes en el maestro, solo el alumno humilde puede exigir un maestro sabio.

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