Sep 27, 2011 - Dedicatorias    1 Comentario

Infancia campirana

 

A Esmeralda Cárdenas

Una niña pequeña un poco chamagosa, con huaraches de correa, camina entre la hierba, a través de un sendero que la conduce -o debe conducirla- a una hermosa casa de adobe, ubicada en lo alto de la meseta. A pesar de su corta edad, fue enviada a desempeñar faenas del campo en las que es posible que no sufriera riesgo. Ahora está ahí, al costado del ojo de agua y mira la vereda tan enorme que siente intranquilidad por no estar en casa. No obstante, esa hermosa construcción de tierra amasada que la espera al final del camino le hace dar el primer impulso hacia ella. La inusual soledad le provoca extrañar a sus padres, por lo que trata de precipitar el paso, entre piedras y polvo, entre plantas verdes y arbustos espinosos.

A su alrededor un cosmos infinito la acompaña, pero ella ignora que en la corta distancia de esa vereda un ejército de pequeños seres vivos intuya su amigable compañía. El escarabajo empuja cuesta arriba su bola de estiércol, empeña un gran esfuerzo pero sabe que hoy tendrá una niña por espectadora, caminando a su lado. La hormiga obrera conduce un pedazo de hoja verde directo a su guarida, quizá no está consciente de su condición de obrera al servicio de la reina, pero la niña que trota a su lado más tarde tendrá que comprender y lidiar con eso que los humanos han creado y nombrado como clases sociales. Las  mariposas vuelan sin control a su derredor, temen que una niña tan pequeña sufra un contratiempo no obstante lo corto del trayecto, o quizá disfrutan merodear junto a ella, por tratarse de un alma blanca, cuya inocencia les impide sentir temor.

Los pájaros cantan alegres, y producen melodías que los caminantes no suelen agradecer en su trayecto. En este caso es diferente, la niña templa su ánimo, desacelera su paso y respira hondo como si quisiera absorber todos esos cantos en su ser, la naturaleza le ha hecho sentir que está en casa y que por ahora no tiene nada que temer. En la mente de un infante casi todo es juego y despreocupación, ignora casi todo de la vida, y cuando un escenario natural se produce de esta manera el pequeño suele no resistirse a la fantasía. Cuando lo recordamos deseamos que esa condición algún día regrese a nuestras vidas.

Ese trayecto del ojo de agua a la hermosa casa de adobe, es como el trayecto de la niñez a la edad adulta. Al comienzo del camino es común que ignoremos lo que nos espera, pero sabemos que queremos llegar a aquella hermosa casa que es nuestro hogar, donde están nuestros padres, donde dejamos de sentir temor. Esta pequeña niña nunca imaginaría tal vez el trayecto que iba a recorrer, pero sabía que su deseo era llegar a la casa de tierra en lo alto de la meseta. El camino estaría lleno de esfuerzos como el del escarabajo cuesta arriba, con la dureza de las diferencias sociales como las que vivía en la inconsciencia la afanosa hormiga. Pero, a pesar de los dilemas, es un camino que hay que recorrer empeñando nuestro mayor esfuerzo.

Me enorgullece tu entrega y esfuerzo en lo que haces, el camino podrá ser difícil pero siempre tendrás la mano y el hombro de tus seres queridos para apoyarte. Porque apoyarte es hacerle un bien a Colima.

1 Cmentario

  • La chamagosa más preciada y trabajadora de nuestra tierra y de nuestra sangre… aquel gran hombre que llamado abuelo y quien la cuido y dio cariño en la pequeña etapa de crecimiento, junto a quien le dio la vida, aun no terminan de saber quien llego ese 3 de abril, cuando el grito fuerte se escucho hasta los más lejanos cerros y de inmediato le fue dado el regalo más preciado de la tierra, entregado por su padres y tan pequeña ya era millonaria sin saberlo, le habían llamada ESMERALDA…

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