Visiones


Esa mañana era muy importante para el PAN. El presidente se levantó temprano y llegó al edificio de Zaragoza 387, en la colonia centro de la ciudad capital. Su cuerpo robusto era símbolo de su fortaleza, y esa cara redonda estaba adornada con un cigarrillo a medio quemar. La sesión fue programada para las diez de la noche, había que amarrar algunos acuerdos para llegar con el asunto “planchado”. En la víspera hizo algunas llamadas, citó a tres o cuatro aspirantes y envío informes al CEN. Todo estaba listo. Por un momento fijó su mirada sobre el portarretrato en su escritorio, antes de salir de su oficina, y luego se dirigió a la sala de juntas, iba precipitado y cada uno de sus pasos era una emoción, estaba, creo, algo nervioso. Llegó a la mesa redonda, en la que estaban presentes todos los viejos, sus barbas tocaban la mesa, su barriga asomaba sobre el plano horizontal delineado por la mesa; era la época de los viejos panistas, enmohecidos en esas sillas antiguas, casi enraizados en ellas parecían una sola pieza, después de tantos años de ocuparlas.
Por fin se anunció que el método sería el mismo. Y las designaciones estaban listas: Víctor Torres a la senaduría, Salvador Becerra a la alcaldía de Colima, Fernando Antero a una diputación local plurinominal, Milton de Alva a una diputación federal plurinominal; otros tantos, a las codiciadas regidurías; algunos se sorprendieron un poco con el anuncio, pero a pesar de cierta inconformidad interior votaron a favor. Otros integrantes del Comité estaban ausentes, casualmente eran los disidentes a la dirigencia, quizá la secretaria se olvidó de avisarles que había reunión.

 Era el 2012, estaba en juego la presidencia de la república. Un vago recuerdo apareció en la memoria de algunos panistas destacados; aquel 22 de agosto de 2010 en que votaron por Raymundo González. ¿Qué pasó con esos cuadros distinguidos que trabajaron arduamente en un proyecto legítimo? Otra vez fueron ignorados. Se volvió a designar a los amigos. Otra vez se repite el pasado. Otra vez se exige unidad a aquellos inconformes con las decisiones, y otra vez se les acusará de traidores. Otra vez el partido recuerda sus peores épocas. Otra vez nos convertimos en responsables de nuestras propias decisiones. No hay marcha atrás; aquella marca en ese pedazo de papel parecía tan insignificante, tan inofensiva, que fue delineada con cierta precipitación y nerviosismo. Hubo una joven candidata de Manzanillo, quizá ella hubiera hecho algo diferente.

 Amigo consejero, este domingo elige bien.

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