Una reseña


El Partido Acción Nacional fue fundado el 16 de septiembre de 1939. Hace 72 años. En esa fecha, su fundador aseguró que “en la base del problema de México está la falta de ciudadanía: No habíamos sido formados ciudadanos […] no tuvimos la oportunidad de organizar la democracia […] era indispensable reconocer esa realidad y empezar el trabajo desde la raíz: la formación de una conciencia cívica”. Otro de sus fundadores Efraín González Luna explicaba uno de los errores fundamentales del ciudadano honrado, el “estribillo imbécil”, que consistía en asegurar: “yo soy hombre honrado; yo no me mancho con labores políticas”. Sin embargo, contra la creencia popular sostuvo que esta actitud solo encubre el egoísmo y la cobardía, y que el verdadero acto innoble y absurdo es dejar la función publica en manos corruptas por falta de ciudadanos.

            No existe registro en la historia de México de otro partido político que haya mantenido una permanencia tan prolongada fuera del poder e incluso sin acceder a una posición política en el gobierno. Esto ha llevado a algunos historiadores como Enrique Krauze a sostener que el PAN no fue creado para llegar al poder sino para ser un contrapeso permanente a los excesos de quienes ejercían el poder. Sin embargo, sus gestadores reconocían que era un esfuerzo extraordinario, puesto que además de soportar la hostilidad del poder y la campaña incesante de calumnias, así como la presión económica, había que perseverar en convencer a la gente para que apoyara en las labores partidistas, pues hoy se organiza el Comité, trabajaba muy bien, y al año siguiente, ya desapareció.

            Acción Nacional fue creado con la idea de transformar al hombre, cambiar la sociedad e inducir a los mexicanos a incorporarse a la lucha política permanente hasta conseguir que gobiernen personas con vocación de servicio y acciones de moralidad, inteligencia y acierto en el mando. Sin embargo, una corriente crítica al interior del partido ha señalado la desviación del propósito originario, un ejemplo de ello es el libro póstumo de Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, titulado “La mancha azul. Del PAN al NeoPAN y al PRIoPAN”. Atribuye a la llegada y dominio de los empresarios a este partido, el surgimiento del neopanismo y el priopan, que consisten en una visión pragmática del poder, es decir, medir los avances por simple aritmética de triunfos electorales en ayuntamientos, gubernaturas, diputaciones y senadurías. Es la obsesión o urgencia por los resultados positivos. Esta actitud desdibujó los propósitos superiores y las estrategias se redujeron a una convulsa prisa por el poder. Las doctrinas y los valores espirituales, los constantes estudios del México que se soñaba, fueron cayendo rápidamente bajo el peso de las negociaciones.

            El neopanista es pragmático, busca el poder político para los intereses del grupo de donde proviene. Que es la misma línea del PRI, pues según el relato de una de las confesiones de Ruiz Massieu, el PRI nunca había sido un partido político, pues nunca había sostenido una doctrina política. Había sido el departamento electoral del gobierno. Y agregaba que la doctrina del PRI es en todo caso el pragmatismo, y que ello era suficiente para no demandar que ese partido contara con una ideología porque el pragmatismo es una doctrina. Un ejemplo esclarecedor del fenómeno que transformó al PAN, es la anécdota que se deriva de la conversación entre Manuel Bartlett, entonces Secretario de Gobernación del régimen priísta, y Juan de Dios Castro, diputado electo para el periodo de 1985-1988. Bartlett le dijo a Juan de Dios “Mire, Licenciado, no podemos reconocer esos dos triunfos. Pero sí uno. Así que escoja. ¿Cuál prefiere: El de Mazatlán o el de Durango? Y Asunto arreglado”. Juan de Dios respondió: Yo no defiendo triunfos electorales de un partido, sino la voluntad popular de los mazatlecos y de los duranguenses, y esta no se negocia, por lo tanto escojo los dos. Al regresar a su oficina visiblemente conmocionado contó lo sucedido a sus compañeros de bancada, precisamente Jorge Eugenio Ortiz Gallegos y Humberto Rice, este ultimo al escuchar lo sucedido le dijo: “Hombre Juan de Dios, vamos pensándolo un momento. ¿Por qué no me dejas que vea yo al secretario Bartlett y tratar de que ofrezca algo a cambio? Podemos negociar alguna ventaja para lo inmediato o para el futuro. Si de todos modos nos van a quitar uno de los dos distritos, vamos dialogando con Bartlett, a ver que ventaja podemos sacar”. Así quedó retratado el nacimiento de una nueva era en el panismo.

Es necesario conocer la historia no oficial, es decir, aquella contada por los inconformes, y reflexionar sobre el derrotero hacia el que se dirige el partido, porque nos permite ubicarnos en la realidad. Hoy, este PAN septuagenario, y sus dirigentes deben hacer la valoración de cómo su labor doctrinaria e intelectual, sus principios, sus plataformas y sus propuestas legislativas, han logrado penetrar, modificar, y por tanto de alguna manera, han obligado a que mejore el trabajo del gobierno. Y el deber reservado para sus militantes es el de luchar por cambiar su institución y llevarla a un estadío mejor. Porque como ha dicho Maximilien Robespierre “Se puede abandonar a una patria dichosa y triunfante. Pero amenazada, destrozada y oprimida no se le deja nunca; se le salva o se muere por ella”. De igual forma, a un partido en crisis, no se le abandona, se le salva o se muere por él”.

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