Una fiesta de dos

Algunas organizaciones sindicales rinden homenajes al gobernador del Estado, Silverio Cavazos, el gobernador firma convenios de aumentos salariales a sectores sindicales. El intercambio de halagos y beneficios es festivo, y se anuncia como un autentico triunfo. El grueso de la sociedad observa con sorpresa esto que en el fondo parece ser un buen negocio de dos. Intercambio de beneficios electorales con beneficios económicos, posiciones políticas en la estructura del gobierno, previa entrega de candidaturas, a cambio de sumisión y complicidad. Cuando las estructuras sociales están de esta manera sometidas a un régimen, la apariencia es que todo marcha de maravilla. Los críticos son tildados de locos, mientras ellos se ahogan en su mar lisonjero.

 El final del periodo gubernamental incluye toda clase de expresiones de júbilo de quienes ya van de salida, y no solo del gobernador sino también de algunos alcaldes, que en el peor de los casos justifican su mala actuación con la frase: ¡se hizo todo lo posible, todo lo que estaba en nuestras manos! Parece que el escenario de despedida incluye regalos sorpresa, como la reciente encuesta que supuestamente posiciona a Silverio Cavazos como uno de los gobernadores mejor evaluados. Una encuesta que parece necesitar un análisis más detallado, empezando por que solo fue aplicada a domicilios con teléfono, a partir de ahí se está dejando fuera a un universo importante de ciudadanos, si a eso le agregamos que solo se aplicó en zonas urbanas mayores a 2 mil 500 habitantes, entonces la opinión se reduce drásticamente a un estrato, pues quedan fuera las zonas más pobres y marginadas de emitir su opinión, que irónicamente son las que primordialmente debieran emitirla.

 Pero para que perturbar la fiesta si lo que quieren es que se vayan contentos a su casa o a su nuevo puesto público. Quieren aclamación y gloria. Aún cuando existen voces críticas que acusan un desempeño mediocre, y es que los gobernantes creen estarnos haciendo un favor cuando ejercen el poder, y no se dan cuenta que sus arcas personales salen llenas de dinero; pero ellos dirán que a Colima le va bien, que todo está de maravilla. Que las ejecuciones recientes, la incautación de droga, la presente carestía son solo casos aislados. Tal vez caigan en la vanidad de creer que su gobierno fue de los mejores, mientras la prensa critica dirá que se trata del peor gobierno de la historia de Colima.

Nuestra única esperanza de escuchar un análisis más serio desde las instituciones era la Universidad de Colima, pero ya ha dado muestras de que es un lacayo más y que su objetivo es formar súbditos al sistema. Y a pesar de que estudié allí he podido constatar mediante mis estudios posteriores que otras universidades si fomentan el espíritu crítico, se preocupan por emancipar al hombre, por hacerlo independiente, con ideas revolucionarias. La Universidad de Colima inculca la obediencia, forma individuos acríticos, profesionistas que sostengan el sistema corrupto no que lo transformen. Para nadie es oculto que la universidad es utilizada como mero trampolín por una clase política amañada. Su propio rector aspiraba a la candidatura a gobernador por el PRI, ¿Si esto es el máximo representante que se espera de los demás? Una academia atada a una ideología partidista, ¡que vergonzoso!

 Estas expresiones festivas en las que nadie alza la voz, me recuerdan las fiestas de fin de cursos de la preparatoria en donde todo mundo feliz, embriagado, desbordado por la conclusión de una etapa celebra por celebrar aunque las calificaciones sean poco satisfactorias. Desgraciadamente en este caso se trata del futuro de miles de familias que se ven afectadas en sus perspectivas de vida ante malas actuaciones de los gobernantes. Lo que hicieron o dejaron de hacer no solo significa un numero en la boleta de calificaciones sino que constituye desarrollo o estancamiento (retroceso en el peor de los casos) en una etapa de la historia del Estado, mejoras o perjuicios para seres humanos de carne y hueso, para vidas tiernas o adultas que tuvieron oportunidades o no las tuvieron.

 Eso explica además la codicia con la que se desean los puestos públicos. ¿Cómo no van a desear ejercer el poder los neófitos si este provee riqueza y aclamación aún cuando el desempeño haya sido tan mediocre? Y es que nadie parece asumir con verdadera seriedad la transformación de las prácticas corruptas y deshonestas, pues se dejan arrastrar por el mar de la indiferencia. Y es que el sistema de poder debiera visualizarse de tal manera que todo aquel que deseara ejercerlo debiera sentir miedo, miedo por la enorme responsabilidad que implica, una responsabilidad de cambio, no de dejarse llevar por la corriente, pues esta ultima ningún merito tendría.

 Con estos párrafos, algunos tal vez me calificaran de loco, quizás como uno más de esos que no fueron invitados a la fiesta de dos: del gobernante y sus súbditos. Prefiero esperar la otra fiesta, esa que deben organizar los hombres críticos y verdaderamente libres. Aunque no sé qué festejaran estos últimos, tal vez que se va un gobernante más, solo uno más que ha cobrado por ocupar un asiento, y que vendrá otro que nos hará creer, pero quién sabe si también al final del camino será solamente otro más.

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