¿Reventar la reforma?

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Hasta el día de ayer, 16 de julio, solo dos de los diez ayuntamientos del Estado habían dado su aval a la reforma constitucional del artículo 147 que establece la figura de los enlaces conyugales que permitirían la unión legal de personas del mismo sexo, con los mismos efectos que el matrimonio. Se trata de los municipio de Colima y Manzanillo que manifestaron su aprobación. Sin embargo, al menos otros tres municipios (Cuauhtémoc, Tecomán y Coquimatlán) rechazaron dicha reforma remitida por el Congreso. Y conforme al artículo 130 de la carta magna estatal se necesitan al menos seis municipios (mayoría simple) para que pueda tenerse por aprobada y se convierta en ley vigente.

Es curioso que se acuse a esta reforma de discriminatoria cuando pretende todo lo contrario, reconocer una realidad social y establecer una figura jurídica de rango constitucional estatal para dar certeza y seguridad jurídica a parejas del mismo sexo. Si ya de por sí es un avance el hecho de que los diputados locales decidieran legislar al respecto, exigir “todo o nada” quizá sea una mala estrategia para sus impulsores, porque incluso la comunidad lésbico-gay ha expresado su conformidad. No obstante, el argumento jurídico tiene sus propias particularidades, pues si bien existe una tesis aislada que establece la prohibición de excluir a las parejas del mismo sexo de la figura del matrimonio, hay otros criterios y resoluciones del pleno de la misma Suprema Corte que formulan un razonamiento distinto, de manera que no hay una resolución especifica que coincida exactamente con el caso que nos ocupa, así que interpretar el asunto es un poco como jugarle a Ministro de la Corte, y anticipar un criterio definitivo que aún no existe.

Por otro lado, pensar en una reforma ideal como el matrimonio igualitario es desestimar una parte de la realidad social y el equilibrio de fuerzas en el Congreso del Estado, porque es un tema que quizá por ahora no pueda transitar con facilidad, así que apostarle a ello sabiendo que existen pocas posibilidades de éxito, es perder la oportunidad de lograr un avance en esta materia y condenarla a un futuro incierto. Así que, más que un argumento jurídico contra esta reforma debiéramos sopesar el aspecto social y cultural, es decir, si nuestro Estado admitirá una reforma a la figura del matrimonio (que es lo deseable) o querrá ir paso a paso (que es lo probable). No olvidemos que una parte importante de colimenses son muy tradicionalistas y conservadores, por lo que es necesario también tomar en cuenta su punto de vista, aunque pensemos que tienen una postura equivocada.

Pongo por caso la Ley de Sociedades de Convivencia aprobada en el Distrito Federal (DF) en el año 2006, lo que en su momento fue considerado un importante avance en la materia ya que permitía equiparar las relaciones homosexuales al matrimonio. Dicha ley fue aplaudida por la Comisión de Derechos Humanos del DF, el Consejo Nacional para Eliminar y Prevenir la Discriminación, por organizaciones feministas y de derechos de minorías sexuales. Pero no fue sino hasta el año 2009, cuando la Asamblea Legislativa aprueba reformas al Código Civil y al Código de Procedimientos Civiles del Distrito Federal para establecer, ahora sí, la celebración de matrimonios homosexuales plenamente igualitarios. ¿Podrá Colima dar ese paso definitivo y de una sola vez?

Es posible que la recurrencia al argumento jurídico realmente esconda en el fondo la intención de “reventar la reforma” y evitar cualquier avance en este sentido, porque es claro que aun cuando la Suprema Corte de Justicia llegara a declarar la inconstitucionalidad del artículo 147 el efecto consistiría en dejarla sin efecto, pero no existe posibilidad de que el máximo tribunal del país obligue a los diputados locales a reformar la constitución estatal en determinado sentido, y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) por sí mismo no tiene las tres cuartas partes del congreso local como para sacar la modificación constitucional a su modo. Se necesitará un consenso de los principales partidos políticos y el respaldo de la sociedad en general. Tal vez se arriesgue todo por nada.

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