Retos de 2011


Comienza un nuevo año y con ello la necesidad de resolver algunos de lo retos más apremiantes que tenemos como sociedad. El 2011 es un año preelectoral y pronto empezaremos a escuchar sobre candidatos y elecciones. Sin embargo, para quienes participamos en un partido político, es momento de tomar conciencia del proceso en el que estamos inmersos, la política atraviesa un momento difícil, cuyo principal reflejo es una severa crisis de credibilidad, en la que los principales afectados son los partidos políticos. En palabras llanas y simples el ciudadano común vomita al político y a su demagógico discurso.

En el PAN, creo que no podemos seguir conduciéndonos como en el pasado, como si nuestro partido fuera la oposición que va a salvar al país, es preciso entrar en una dinámica de renovación profunda de nuestras prácticas y actitudes. En lugar de provocar la indiferencia e incluso la indignación de la sociedad, debemos comenzar a cambiar nuestros esquemas de actuación. Renovar de lleno los métodos de selección de candidatos que se han vuelto cada vez más elitistas, por prácticas más democráticas en las que participe el mayor número de ciudadanos posibles. Afortunadamente este es uno de los compromisos del nuevo líder nacional del partido, Don Gustavo Madero.

En general, los partidos políticos deben evitar convertirse en negocios de amigos o de familias, con ofensivos beneficios económicos para los que llegan al poder, pero con notables deficiencias en el desempeño de los puestos públicos. Hoy paradójicamente el cargo de diputado es de los más desprestigiados, se les califica como inútiles, flojos, rateros o corruptos. Pero irónicamente toda una horda de voraces hombres y mujeres, se interesan por llevar este título. Cualquier ciudadano critica con ahínco a cualquier servidor público, pero si inmediatamente después se les preguntara si desearían ocupar ese puesto, contestan que sí. Semejante contradicción. El problema radica en la falta de motivos humanos y espirituales para llegar al ejercicio del poder, que se han visto eclipsados por la ambición económica, y el deseo de fama. Ese núcleo de motivos lo constituyen los cuerpos doctrinarios de cada ente político.

Lo que implica que se ha descuidado el deber de inculcar estos principios a la militancia, e incluso hacerlos participes de la sociedad entera. Pero aún más, eso significa que los gobiernos emanados de los partidos no han evidenciado o puesto en práctica ese cuerpo doctrinario, o al menos no lo han hecho correctamente. Debemos estar conscientes de nuestra deuda y el reto que tenemos enfrente, cualquiera que soslaye esta realidad estará movido por intereses personales simplemente, no por el interés de una renovación y transformación real de los entes partidistas.

Pero el ideario político-partidista se mantiene vivo y sigue siendo creíble, a pesar de la interminable serie de desengaños que produce, esto se debe, creo, a las diversas consecuencias que genera el proceso en el que está inmerso y al acortamiento del lapso entre el surgimiento de una nueva esperanza y su desaparición. Me parece que el paradójico proceso de superación del desengaño y surgimiento de una nueva esperanza en este ámbito, no es producto de la acción de políticos experimentados, sino de los nuevos valores, los políticos jóvenes, que al enrolarse en el proceso generan un nuevo motivo de esperanza e inducen con su propia ingenuidad a creer en la reforma del desacreditado sistema.

A los lectores de este prestigiado periódico, y especial a quienes se toman la molestia de leer esta columna, les deseo un excelente 2011. Espero que este sea un gran año para todos ustedes y que la paz y la prosperidad llenen sus hogares.

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