Replica a la contrarréplica



Entre mis documentos viejos y apolillados encontré un manuscrito decolorado que debió ser de la época de la secundaria, pues en las clases de historia solíamos hacer este tipo de ejercicios, no sé quien lo elaboró o a quien perteneció exactamente, pero he decidido transcribirlo, con unas leves modificaciones, dado que las manchas y el paso de los años han borrado algunas de sus partes. Supongo que debió tratarse de una discusión entre críticos, que defendían posturas opuestas. Ahora lo transcribo:

 

“Como no recibí respuesta a cierta replica que emití recientemente, y no sin cierta preferencia o afición por la discusión y el dialogo, me he permitido formular una réplica a la contrarréplica que supongo pudo ser esgrimida. Lamento tener que usar mi imaginación para crear una respuesta que sin duda, -de haberse formulado-, hubiera sido mucho más inteligente y creativa que la que defectuosamente me he permitido suponer.

No estoy en contra de la crítica, en lo absoluto, la admitiría hasta contra mí mismo siempre que se me evidenciara un error del que pudiera obtener una enseñanza. Y cabe aclarar que este proceso implica la necesidad primaria de enunciar un hecho, y enseguida emitir un juicio sobre él, como he procurado hacerlo, sin embargo, en su caso me doy cuenta que su precipitación le impide darse cuenta que ha emitido un juicio antes de dilucidar con precisión el hecho sobre el que ha de recaer, eso me lleva a suponer que su juicio está dirigido contra la persona, con independencia de lo que ha hecho o dejado de hacer.

Habría que admitir con claridad que nuestra opinión estará moldeada por nuestra experiencia, y se ha dicho que la experiencia implica una cierta suma de errores, por lo que cada cual habrá de valorar el contraste de la opinión ajena con la suya propia. Pero aún hay quienes buscan que los demás vean a través de sus ojos. No es necesario amonestarles de que eso es imposible. Y no se trata de las causas deliberadas que motivan una visión diferente, se trata simplemente de la diferencia en la estructura ontológica de cada ser, de la sensibilidad, de la carga emocional histórica de cada uno, que nunca podrá ser exactamente igual, y que incluso no es deseable que sea igual. Debemos aprender a tolerar la diversidad de opiniones, y comprender que son precisamente las divergencias las que nos hacen crecer.

Es cierto, he escrito que solo la revaluación critica nos hará crecer como sociedad e incluso he admitido ser un pesimista en cuestiones políticas, pero también he manifestado mi deseo de ser rebatido en mis opiniones y ser convencido de lo contrario, nunca he concebido las columnas periodísticas como un espacio de impunidad, donde se pretende enunciar la ultima opinión. Lo que pasa es que la inercia del periodismo local no puede acostumbrarse a que sus interlocutores los interpelen con argumentos. Y si, efectivamente, es cómodo que el otro calle mientras el crítico disfruta aquel silencio en la creencia de haber triunfado.

Tampoco he utilizado lenguaje ruin y ofensivo contra mis adversarios, he usado la ironía, los recursos argumentativos de la lógica, el sarcasmo, la comparación, incluso a mis escritores favoritos, pero nunca la violencia física o incluso verbal, que pudiera ofender la dignidad de las personas. Esa es, a mi parecer, la línea que divide el dialogo civilizado de la violencia. De haber cruzado ese límite tácito yo mismo me habría sentido ofendido y avergonzado de mi comportamiento.

Dado que usted me atribuye tan poca importancia como persona, pero no desdeña mis argumentos, me veo compelido a abreviar mi respuesta para no hacerle sentir que usted es más importante por la extensión de la misma. Si ya de por sí una réplica a su contrarréplica resulta odiosa no quiero imaginar la réplica a la contrarréplica de la réplica de la contrarréplica. Permítame pues, después de su última contestación, guardar silencio para hacerle sentir que tiene la razón, y de esa forma adularlo, aún sabiendo que el éxito es mío”.

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