¿Rendir cuentas o alardear?

cuentas

El principio de transparencia y rendición de cuentas está incorporado a nuestra legislación para que los funcionarios que administran los recursos públicos informen de su aplicación y de las acciones llevadas a cabo durante un periodo determinado. Por lo tanto, desde el Presidente de la República, los Gobernadores, algunos legisladores (como veremos un poco más adelante) y hasta el Presidente Municipal del poblado más pequeño de nuestro país tiene el deber de informar cada año sobre las acciones realizadas a favor de sus habitantes. El objetivo de estas disposiciones es que los ciudadanos tengan la oportunidad de evaluar el desempeño de sus gobiernos y exigir los resultados prometidos. Darse cuenta si cumplieron esas promesas que tanto arengaron durante las campañas o simplemente se hicieron ojo de hormiga al llegar al puesto.

El artículo 69 de la Constitución Federal establece la obligación del Presidente de la República de presentar un informe por escrito el 1° de septiembre de cada año ante el Congreso de la Unión, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país. Por su parte, la Constitución Local en el artículo 31 obliga al Gobernador del Estado a hacer lo mismo ante el Congreso Estatal el día 18 de diciembre de cada año. Excepto el sexto informe que deberá realizarse el 1° de octubre. Mientras que los Presidentes Municipales, según el artículo 47 de la Ley del Municipio Libre del Estado de Colima, deben presentar dicho informe por escrito al Cabildo en la primera quincena de diciembre de cada año, salvo el tercer año que será en la segunda quincena de septiembre.

En el caso de los legisladores, los diputados federales, según el artículo 8° del Reglamento de la Cámara de Diputados tienen la obligación de presentar un informe anual sobre el desempeño de sus labores, ante los ciudadanos de su distrito o circunscripción. Mientras que el Reglamento de la Ley Orgánica del Congreso Local en su artículo 12 establece dicha obligación para los diputados locales pero de forma escueta, ya que dice: “Son obligaciones de los diputados… Informar a la ciudadanía de su trabajo legislativo”. Pero no establece cada cuando deben hacerlo, por lo que esta ambigüedad favorece su incumplimiento. No obstante, los Senadores de la Republica son los únicos que conforme a la legislación vigente no tienen la obligación de presentar un informe anual de actividades sobre el desempeño de sus funciones.

Con independencia de si están obligados o no, muchos legisladores, presentan informes legislativos. Porque es parte de la cultura popular que se basa en el dicho de que “al que no habla Dios no lo oye”, o como decía el escritor Luis Spota “lo importante no es poner un huevo sino saberlo cacarear”. Aunque, hay que decirlo, la mayoría de las veces no se trata de una verdadera intención de rendir cuentas o de someterse al escrutinio de los ciudadanos sobre el ejercicio de su labor pública, sino más bien de alardear los “magníficos, impresionantes, estremecedores” logros de su gestión. Pues para ello se montan ceremonias pomposas y formales, donde se invita a funcionarios de todos los niveles a presenciar y aplaudir un discurso, muchas veces interminable, como parte de un ritual para alimentar el ego del político. Esta práctica es tan extendida y común que forma parte de un modelo presuntuoso y triunfalista que caracterizó a los gobiernos priístas de todo el siglo XX.

En política, decía, Karl R. Popper, podemos distinguir dos actitudes. La primera es la actitud del político que piensa que todo lo que hace está bien hecho y que ninguna de nuestras preocupaciones se debe a sus errores, pues son, más bien, desgracias inevitables o conspiraciones de los oponentes, que son hombres perversos. La actitud opuesta es la del hombre que, consciente de su falibilidad, sabe que está destinado a equivocarse; que esta sobre aviso en cuanto a sus propios errores, porque sabe que es el único modo de aprender y sacar partido de la experiencia; y este hombre espera que sus oponentes, a través del ejercicio de la crítica, lo ayuden a descubrir sus errores. En ese tenor, la Utopía democrática, sería aquella en la que un político confiara en ganarse los votos del electorado gracias al alarde que le ha supuesto descubrir durante el último año un cierto número de errores que él mismo había cometido, y a haber logrado corregir algunos de ellos. Es decir, una nueva ética del quehacer público que tiene como principio fundamental aprender mutuamente de nuestros errores y evitar encubrirnos unos a otros. Con el único objetivo de mejorar el ejercicio del gobierno. Por lo tanto, debemos aprender que la crítica mutua siempre es necesaria, pero la  autocrítica lo es todavía más.

Caminando Colima

Seguimos con el programa #CaminandoColima. En esta ocasión visitamos la Colonia Josefa Ortiz de Domínguez que presenta severos problemas en el empedrado de las calles, así como deficiencias en el alumbrado público, los lotes baldíos convertidos en focos de infección y la drogadicción de los jóvenes que genera delincuencia e intranquilidad de los ciudadanos. Por lo que daremos seguimiento y atención adecuada a esta problemática.

¿Tienes algo que decir? Seguir adelante y dejar un comentario!