Reforma Electoral


Las diversas propuestas de reforma electoral presentadas en el Congreso del Estado tienen como eje fundamental el tema de la reducción, y al parecer en ello se centrara la discusión. Pues plantean la reducción de diputados, de regidores, de campañas y de recursos económicos. Pareciera que los legisladores escuchan el hartazgo del ciudadano sobre temas políticos, y buscan reducir la política a su mínima expresión. En parte la culpa la tiene la clase política actual o la más reciente, pues a través de sus prácticas ha provocado esta molestia ciudadana. Ahora el intento se centra en disminuir el número de políticos que ocuparían cargos de elección popular, lo que implica un ahorro de recursos que se calcula en cifras aproximadas a los cien millones de pesos.

Hasta parece que la reforma plantea reducir también el debate. Pues al limitar el acceso a los medios de comunicación mediante la compra directa, y de terceros, la discusión se convierte en cosa de los partidos políticos. Se limitan supuestamente las expresiones denigrantes o los ataques a las personas, pero sus límites no quedan bien definidos. Y con el pretexto de evitar las  llamadas campañas negras, podría limitarse la libre discusión de las ideas, una de las principales características de un régimen democrático, y en especial del representativo, como es el principio de la discusión. Sin embargo, este capítulo de las diversas iniciativas de reforma electoral armoniza con la pretensión central de los legisladores, de reducir lo político, minimizar ese grotesco espectáculo de demagogia convencional e insincera.

¿Por qué el político se auto impone un límite y se minimiza en esta propuesta de reforma electoral? Me parece que se trata de un argumento desesperado por recuperar la confianza y credibilidad social. Ya que muy a pesar de las deficiencias de nuestra democracia, este es el mejor sistema de gobierno que tenemos. Sin embargo, la realidad de hoy exhibe las enormes deficiencias de nuestros políticos. Aunque existen sus honrosas excepciones desde luego, pues no todo es color negro. Pero cuando vivimos día a día los efectos de legisladores improductivos y costosos, o gobernantes viajeros e indiferentes ante los problemas de la comunidad, el deseo e inclinación natural es reducir la clase gobernante.

Disminuir la política parece ser la nueva bandera de los políticos. Sin embargo, ese no es el camino. La mira debe dirigirse a profesionalizar el quehacer público, es decir, lograr mayor responsabilidad social de quienes ejercen el poder. Proponer alternativas para que el legislador se sienta más responsable en lo que hace, este obligado a rendir cuentas y sea calificado por sus representados. Más que reducir el número de regidores se debieran plantear mecanismos para incrementar su responsabilidad para con sus electores. Lo que verdaderamente perjudica el quehacer público es la falta de responsabilidad y rendición de cuentas. Hay regidores que jamás son conocidos por los ciudadanos del municipio que gobiernan. Diputados plurinominales que nunca han caminado las colonias de su ciudad pero que acuden a diario a las oficinas de su partido a reunirse con la cúpula. Una reducción de diputados o regidores, podrá ahorrar una gran cantidad de recursos para ser aplicados en obras benéficas, pero al final de cuentas, con pocos pero de lo mismo no se resuelve el problema. Habría que buscar un cambio cualitativo, no de número.

 

ELECCIONES

Los resultados de las elecciones en el Estado de México, Nayarit y Coahuila contrario a lo que todo mundo supone no representó ganancia alguna para el PRI. Pues básicamente logró mantenerse en las posiciones que ya tenía, y evitó, eso si, que el PAN y/o el PRD le hicieran lo que en 2010 con Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Lo que si debe preocupar a la oposición es la enorme inequidad que prevaleció en dichas elecciones, especialmente en el Estado de México, en lo que respecta a espacios de publicidad, a la intervención del aparato estatal, y al exceso en los gastos de campaña, así como la lenidad del Instituto Electoral ante semejante desorden e ilegalidad.

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