Procesos Internos


La experiencia ha demostrado que, en muchos casos, las derrotas electorales son producto de la división interna de los partidos políticos. Prueba de ello es la estrepitosa derrota priista de 2006, cuando la maestra Elba Esther Gordillo dividió al PRI. A nivel local también hay ejemplos emblemáticos, como el del PAN en la elección de 2009, cuando Nabor Ochoa retornó al PRI y en el municipio de Colima se designó a Enrique Michel como candidato a presidente municipal en lugar de Esmeralda Cárdenas.

Los partidos políticos enfrentan un reto mayúsculo. Elegir democráticamente a sus candidatos y evitar las fracturas internas. En el PRI aunque parece resuelta la contienda interna para la presidencia de la republica, Manlio Fabio Beltrones con su 10% de preferencias puede llevar al partido a la debacle. En el PRD la competencia entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard puede acabar en desastre electoral sino se establece un método claro y equitativo para definir el candidato. Lo mismo pasa en el PAN, donde los descartes de Javier Lozano y Heriberto Félix allanan el camino a una elección interna de tres o cuatro precandidatos, que de igual modo exige condiciones democráticas y equitativas.

Pero el reto no solo aplica para los candidatos a la presidencia de la republica, sino para elegir los candidatos a senadores, diputados federales, gobernadores, presidentes municipales y diputados locales. Y el desafío no es menor, ya que se conjugan diversos elementos de importancia. Por un lado, se debe privilegiar una elección interna democrática, y por otro, elegir candidatos competitivos. Pareciera que con la primera condición se cumple la segunda. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que las elecciones internas (entre militantes) se han convertido en verdaderos ejemplos de manipulación y malas prácticas. Por lo que se suele acudir a encuestas para determinar quién es el aspirante que garantiza los mejores resultados en la contienda externa.

Las encuestas se han convertido en elementos claves para el proceso de selección de candidatos, porque permiten conocer el trabajo que han desarrollado cada uno de los aspirantes y el potencial electoral que poseen. Permite saber donde están los votos. Algo que supo hacer muy bien el PRI en el Estado de México al postular como candidato a Eruviel Ávila y no a Alfredo del Mazo, que tenia mayor aceptación ciudadana y cuya separación hubiese implicado consecuencia desastrosas para el PRI. La habilidad priista para negociar una “candidatura de unidad” permitió a ese partido llegar unido a la elección y obtener un triunfo contundente. Las encuestas también nos dicen quienes están en la jugada, y pueden sentarse a negociar, así como evitar chantajes políticos de quienes no tienen respaldo ciudadano suficiente como para exigir el reparto de posiciones.

A diferencia del PAN, en el PRI la tradición histórica ha sido la designación de candidatos desde la cúpula, por el jefe máximo, papel que desempeñaba el presidente de la republica en los tiempos hegemónicos, pero ahora ese papel lo ocupan los gobernadores quienes conducen las negociaciones y disciplinan a sus militantes para evitar escisiones. Así que las llamadas candidaturas de unidad, que regularmente son imposiciones desde la cúpula, resultan prácticas cotidianas y regularmente aceptadas en el PRI.

En el PAN en cambio, las cosas son diferentes, pues se trata de un partido con una vocación auténticamente democrática y una tradición histórica que lo confirma,  por lo que la utilización de métodos de designación directa le ha causado fuertes inconformidades y abrumadoras derrotas electorales. Aunado a la falta de capacidad de negociación y conciliación de sus líderes partidistas. Por lo tanto, el partido que lleva mayores riegos en cuanto a sus procesos internos es el PAN. Sus estatutos establecen tres métodos de selección de candidatos: por convención partidista, mediante elección abierta y por designación directa. Y en cualquiera de los casos, el partido debe cuidar el proceso, pues en una convención interna debido al uso de malas prácticas podría elegirse un candidato con poca representatividad y sin posibilidades de ganar una elección, y en caso de designación directa debiera orientarse por las encuestas para saber quien tiene el respaldo ciudadano o un potencial electoral que le permita triunfar en los comicios. Una buena opción podría ser la elección abierta a la ciudadanía. Un ejercicio interno interesante es la página de internet: www.eligepan2012.com ; mediante la cual los ciudadanos, y en especial los militantes panistas pueden decir a quienes quieren como candidatos de ese partido en las próximas elecciones.

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