Lo bueno cuenta mucho

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“Lo bueno casi no sé cuenta… pero cuenta mucho” es el eslogan acuñado por el gobierno federal para este cuarto informe de gobierno. El contexto en el que se lanza esta campaña gubernamental es el de un país abrumado por las malas noticias, principalmente las que provienen del gobierno federal, no hay ni por dónde empezar, pero los aumentos parecen un buen inicio, el más importante incremento a la gasolina en los últimos 18 años, la magma cuesta 13.98 pesos por litro, el incremento a la luz eléctrica, no sé si usted ya lo resintió pero yo sí, el lacerante desempleo que afecta a millones de mexicanos, el incremento del precio del dólar a casi 20 pesos, la fuga del Chapo Guzmán -aún con su recaptura-, la reciente pifia presidencial de invitar al impresentable Donald Trump a México y darle trato de jefe de Estado, quizá no debamos enlistar los malos resultados en los juegos olímpicos y el caso de la Casa Blanca de Peña Nieto, pero son temas que aún están en el imaginario popular.

La reacción-explicación del presidente a esta larga lista de malas noticias parecer ser que los medios de comunicación solo difunden las malas noticias, ignorando “lo bueno”.  Que en las redes sociales solo se hace énfasis en lo negativo, las burlas o simples banalidades y se ignora deliberadamente el lado positivo de nuestro país, “las buenas noticias”. Con esta frase “Lo bueno casi no sé cuenta… pero cuenta mucho” el presidente nos invita a reflexionar sobre el peso que deberíamos darle a las buenas y malas noticias, porque seguramente considera que el balance de lo bueno-malo le resultara positivo, porque desde su punto de vista hay muchas cosas buenas que no se dice en los medios de comunicación pero que cuentan mucho, tal vez más que las críticas que se le hacen. ¿Qué opina usted, amable lector, cuales considera que son las buenas noticias, cual es su balance final?

Lo cierto es que los mexicanos estamos deseosos de escuchar buenas noticias de nuestro país. En casi todos los Estados, incluido Colima, se habla de actos de corrupción, de gobernadores millonarios, enriquecidos al amparo del poder, de altos niveles de violencia e intervención del crimen organizado. De congresos o alcaldes que se incrementan el salario y hacen uso de los recursos públicos como si fueran los de su casa. También se habla de la ineficiencia en la prestación de los servicios públicos, los excesos de las cúpulas de poder y la vanidad de los gobernantes. Es cierto, los mexicanos queremos escuchar buenas noticias, historias de gente que trabaja honestamente por su país, que no abusa de su posición para beneficiarse de forma indebida, queremos conocer a los mejores gobernantes de cada municipio, estado o del gobierno federal, a los mejores legisladores que anteponen el interés de su patria a sus proyectos personales. Esas son historias que queremos oír, pero ¿Por qué no se escuchan?

El problema no somos los mexicanos, ni los medios de comunicación, ni las memes en las redes sociales, el problema es que vivimos en un país que privilegia la corrupción, la opacidad, los malos gobernantes, un país que no reconoce el mérito o la igualdad de oportunidades sino el “influyentismo”. Por eso las buenas noticias casi no se cuentan, pues desentonan mucho.

1 Cmentario

  • A eso le sumamos el alto sueldo de los diputados tanto federales y ahora los diputados locales, abusan, traicionan, y hunden al pueblo que confió en ellos.

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