Josefina Presidenta

El PAN resolvió de la mejor manera posible su elección interna, puesto que los militantes fueron los que decidieron quién habría de abanderar su partido en las elecciones presidenciales. Esto es muy importante porque días previos a la elección se manejaban versiones de que el aparato panista habría de imponer a toda costa a Ernesto Cordero. Pero eso no sucedió. Pues Josefina Vázquez Mota se convirtió en la virtual candidata del PAN con una votación contundente que superó los dos candados de la segunda vuelta, consistentes en obtener un porcentaje superior al 50% de los votos o de 37% con una diferencia de cinco puntos porcentuales de su más cercano competidor. El resultado provocó un júbilo casi generalizado en el partido, y la propia candidata electa atizó los ánimos del panismo cuando dijo que el próximo objetivo era vencer al PRI y a su candidato. Con este proceso interno, el PAN refrenda su vocación democrática y llega a la contienda muy fortalecido. A diferencia de otros partidos, el PAN es el único que sometió a la decisión de sus bases el tema del candidato. No se presentaron incidentes de mayor trascendencia en la jornada electoral, y por el contrario se registró una votación histórica respecto a las proyecciones que se tenían. Ernesto Cordero y Santiago Creel admitieron su derrota y levantaron la mano a Josefina Vázquez Mota. El presidente de la República acudió a felicitarla en un gesto de respeto a la decisión de la militancia y con el objetivo de cerrar filas para la verdadera batalla que se avecina. Ahora sí podemos afirmar, que ¡Este arroz ya se coció!

Viene la elección de senadores, diputados federales de mayoría y de representación proporcional, el próximo 19 de febrero. Y los precandidatos ya ponen sus barbas a remojar. Porque la decisión de la militancia sobre Josefina Vázquez Mota indica que desean candidatos competitivos, y que el supuesto “aparato” no funcionó. Los militantes votaron libres. Y es que para fortalecer la candidatura presidencial se necesitan candidatos que sumen votos y ayuden a ganar, no que abran un flanco de ataque y pudieran restar votación. En el caso del Senado, la precandidata con mayores posibilidades de triunfo es Esmeralda Cárdenas, y la que mayores sumas aportaría a la candidata presidencial. Las diputaciones federales parece que quedarán en manos de Milton de Alba Gutiérrez, en el caso del primer distrito, y Martha Sosa en el caso del segundo. Esperemos que el PAN nuevamente muestre su aptitud democrática y elija a los mejores candidatos este 19 de febrero. ¡A votar de manera libre!

TRADICIÓN VS RAZÓN

Carlos Fuentes, en “El espejo enterrado”, nos explica la tradición taurina que nos viene de España. Y comenta que, “en la plaza de toros, el pueblo se encuentra a sí mismo y encuentra el símbolo de la naturaleza, el toro, que corre hasta el centro de la plaza, peligrosamente asustado, huyendo hacia adelante, amenazando pero amenazante, cruzando la frontera entre el sol y la sombra que divide al coso como la noche y el día, como la vida y la muerte. El toro sale corriendo a encontrarse con su antagonista humano, el matador en su traje de luces”… y “el joven matador es el príncipe del pueblo, un príncipe mortal que sólo puede matar porque él mismo se expone a la muerte. La corrida de toros es una apertura a la posibilidad de la muerte… Se supone que el toro, como el mitológico Minotauro, ha nacido totalmente armado, con todos los dones que la naturaleza le ha dado. Al matador le corresponde descubrir con qué clase de animal tiene que habérselas, a fin de transformar su encuentro con el toro, de hecho natural, en ceremonia, ritual, dominio de la fuerza natural”. Todo encuentra pues, en apariencia, una justa explicación en una actuación, en “una ceremonia que evoca nuestra violenta sobrevivencia a costas de la naturaleza”.

Pero los detractores de la tradición aseguran que dicho espectáculo no es más que un cruel acto de tortura por simple diversión. Pues sostienen que antes de la corrida se encierra al toro en un cajón oscuro para aterrorizarlo. Supuestamente le recortan los cuernos para proteger al torero y le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas. Dicen que también le golpean los testículos y los riñones para que llegue débil y desorientado al ruedo. Y que le untan grasa en los ojos para dificultar su visión. Así que cuando lo sueltan y antes de que llegue al ruedo le clavan el primer arpón de puntas aceradas. Por lo que el animal previamente maltratado, manipulado, encerrado en la oscuridad y con el dolor que le produce la divisa, recorre al galope el ruedo en una actitud aparentemente furiosa. Aseguran que realmente, cuando el toro desemboca en la plaza, es un animal aterrorizado que busca desesperadamente la salida. Enseguida las heridas de 14 centímetros de profundidad y hasta 40 de extensión que le produce el picador provocan al toro un dolor intensísimo y lo destrozan por dentro. Después de esto, el torero parece demostrar su “valor” dándole pases de muleta, agotándolo por el esfuerzo y la pérdida de sangre. El toro además de mansurrón es un animal miope, daltónico, torpe e ingenuo que embiste al trapo que agitan delante de él, creyéndole culpable de sus males.

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