Incertidumbre

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La incertidumbre es exactamente lo contrario a la certeza. Hablar de la incertidumbre supone un escenario particularmente incierto, indeterminado o indefinido, ni preordinado ni previsto (sin un final cantado), pero más que nada inmune e insensible a nuestras intenciones e iniciativas. Es decir, un estado en el que puede pasar cualquier cosa, pero en el que no es posible predecir confiablemente la consecuencia de ninguna iniciativa. Por eso la sensación de incertidumbre es una condición totalmente desagradable. Y esa parece ser la situación que priva al interior del Partido Acción Nacional (PAN) derivado del proceso de renovación de su dirigencia estatal, pues mientras 34 consejeros afirman haber elegido al nuevo dirigente estatal, otro número proporcional lo desconocen argumentando que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), del mismo partido, modificó la fecha de la sesión de consejo en la que habría de llevarse a cabo la elección. El caso es que, el grueso de la militancia esta desconcertada, sin una cabeza visible que aglutine a la mayoría y les procure la unidad interna.

Aunque, no es una novedad que en este proceso electivo se dé un resultado tan cerrado (por una diferencia de uno o dos votos), pues los últimos dirigentes estatales del PAN han sido elegidos por resultados y maniobras similares. Sin embargo, en esta ocasión todo parece indicar que el resultado llegará desde los tribunales, pues el argumento central de ambos candidatos es el respeto a la legalidad, con diversas interpretaciones de la ley que solo el juzgador esta autorizado para dilucidar. Mientras tanto, no hay proyecto visible para el panismo hacia las elecciones de 2015, y la sociedad comparte desconcertada el espectáculo interno que lejos de generar simpatías, levanta sospechas de ambición de poder y polarización irreconciliable, que por cierto, es ingrediente esencial de las derrotas electorales. Los adversarios políticos ya se frotan las manos, y celebran que sean los mismos panistas los que trabajen para seguir en el “ya merito”, ahorrándole el trabajo al tricolor.

 Hay que admitir que la competencia política y la democracia en sí, implican una dosis de incertidumbre e imprevisibilidad, debido a que cualquier cosa puede pasar y no podemos prever el resultado final con total certeza. No obstante, parece que a muchos políticos esta condición implícita de la competencia político-electoral no les agrada y prefieren procesos predecibles, en los que exista un final cantado de antemano. Parecen aborrecer la competencia, esa posibilidad de resultar derrotados en una contienda les parece inaceptable. Prefieren procesos controlados en los que todo marche según lo previsto, con electores manipulables y predecibles que intercambien su voluntad por un beneficio inmediato, o mejor aún, por una promesa futura e improbable. Pero es momento de asumir la verdadera democracia, esa que respeta al individuo y su capacidad de decidir. Esa democracia que implica riesgos y reclama ímpetu extraordinario para triunfar, aquella en la que el verdadero poder está en el ciudadano.

            En la historia reciente de Acción Nacional ha imperado la crisis, una crisis recurrente que parece buscarse con insistencia desde dentro. Y en momentos como este cobra vigencia el ideario político doctrinario que dio vida al partido, en palabras de su fundador Manuel Gómez Morín: “Hagamos pues, en nuestro corazón, una decisión inicial: la de no apartarnos en un solo punto del alto espíritu de trabajo común que a esta Asamblea nos ha traído; de entregar lealmente nuestras propias opiniones y recibir con generosa ponderación las que nos sean dadas; de recordar constantemente que aquí nadie viene a triunfar ni a obtener; que sólo un objetivo ha de guiarnos: el de acertar en la definición de lo que será mejor para México”.

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