Gobiernos de coalición

¿En qué consiste la propuesta de los gobiernos de coalición? Se trata al parecer de una enmienda constitucional que plantea la integración de un gobierno plural, en caso de que ningún partido político alcance la mayoría para renovar la presidencia de la república y el congreso. Esto implicaría que el partido ganador ofrezca algunos cargos del gabinete a otras fuerzas políticas. Lo que suponen generaría un proyecto de gobierno común. Permitiendo la aprobación de iniciativas que hoy permanecen congeladas en el Congreso. La idea es buena, máxime si consideramos la talla de los personajes que suscriben la propuesta. Entre ellos, Carlos Fuentes, Denise Dresser, Cuauhtémoc Cárdenas y José Antonio Crespo. Sin embargo, la propuesta parte de un supuesto de difícil realización: que los partidos políticos colaboren por el bien del país. Prueba de ello es la declaración de Humberto Moreira, líder del PRI, que aseguró que la propuesta es inútil porque su partido va a ganar la elección de 2012 de manera holgada.

Luis Pasos, en su libro ¿Quién manda en México? Plantea tres posibilidades de aprobación o rechazo de las reformas estructurales, según el partido que triunfe en las elecciones presidenciales: 1) Gana el PRI la presidencia de la República. En ese escenario pueden acontecer dos variables: a) El PAN como oposición, junto con el PRI, ya en los Pinos, aprueban, ahora sí, los cambios para que país salga adelante; b) Debido a que el PRI gana con el apoyo de los sindicatos y corporaciones a los que no les convienen las reformas, que han impedido modernizar a México. Muchos priístas saben que es difícil instrumentar las reformas modernizadoras sin enfrentar a sus aliados. Si gana el PRI en el 2012 es difícil que meta al orden a quienes les dan dinero y ponen a disposición a miembros de sus sindicatos como activistas de tiempo completo para sus campañas; 2) Gana el PAN. Se pueden dar tres escenarios: a) El PRI se opone nuevamente a los cambios para fortalecer la economía y le sigue apostando a mantener el país en la mediocridad haber si gana la presidencia en 2018; b) El PRI se divide entre quienes deciden apoyar la estrategia de 2000 al 2012, es decir, la de boicotear las reformas estructurales y quienes apoyan las reformas en bien del país. Se aprueban las reformas con los votos del PAN y las fracciones modernizadoras del PRI y PRD; b) El PAN se alía con algunos grupos del PRD, que no tienen compromisos con los mismos gremios del PRI y sacan adelante gran parte de las reformas; y 3) Gana el PRD, México vira hacia la izquierda y dependiendo de qué ala del partido domine la Presidencia, nos parecemos más o menos al México que vivimos con los presidentes populistas del PRI en la década de los sesenta y ochenta o a un gobierno como el de Hugo Chávez de Venezuela.

El PRI, y su candidato mejor posicionado en las encuestas ya demostró que no piensa apoyar reformas que afecten a sus aliados. Tal es el caso de la propuesta de derecho de réplica que sigue congelada, fundamentalmente porque las televisoras no quieren que sea aprobada. A pesar de que en ambas cámaras existen excelente proyectos que “resuelven de manera moderna y perfectamente compatible con las libertades de expresión e información el ejercicio fundamental de este derecho que pretende proteger a todas las personas que se sienta afectadas en su honor o reputación por informaciones falsas producidas en los medios de comunicación. Pero esta reforma está detenida por decisión del grupo parlamentario del PRI, que ejerce tanto en la comisión de Gobernación como en el pleno de los diputados una mayoría absoluta” según nos explica el diputado Javier Corral. Incluso se habla de una contrareforma a la reforma electoral de 2007, mediante la que se prohibió la contratación de spots en radio y televisión, lo que eliminó millonarias ganancias del duopolio televisivo. Otro ejemplo, es la obstaculización por parte del PRI de la reforma para la reelección legislativa, una propuesta necesaria y urgente para profesionalizar el congreso y obligar a los legisladores a rendir cuentas. Y tantos otros ejemplos, que convirtieron reformas integrales como la energética y la fiscal, en reformas Light. O el caso de la reforma laboral que sigue en la congeladora.

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