El buen juez por…


La actual dirigencia estatal del PAN no ha hecho absolutamente nada para unir al partido. El presidente -Raymundo González- (electo por una mayoría de 2 votos, gracias a la mañosa maniobra de los consejeros ex oficio), al día siguiente de su elección salió a los medios de comunicación a pregonar la supuesta apertura y buena disposición para con sus recientes adversarios. La verdad es que la simulación duró dos o tres días, porque la actitud fue avasallar los espacios, y a ello ha seguido el tratar de impedir el crecimiento de sus rivales internos. En el programa radiofónico de Max Cortés dijo que algunos espacios fueron concedidos al otro grupo, sin embargo, no fue sino una falsedad, pues se trata de “espacios” sin relevancia, que no pueden ejercer ningún tipo de influencia en la decisión del partido. Ningún espacio de contrapeso o influencia real fue respetado para quienes representan el 50% de la militancia activa del Estado.

 Los dirigentes buscan proyectar la imagen de unidad desde el pedestal, no se han bajado a ejercer una verdadera labor de conciliación. Su reciente declaración es una joya de intolerancia, pues dijo “y llegará el momento de valorar con quiénes contamos y se respetará a quienes no lo deseen hacer”. Se respetará que el partido permanezca segmentado, pues para el dirigente no hay que hacer esfuerzos extraordinarios por lograr una verdadera unidad. El transfondo del tema es que en la dirigencia persisten odios y negatividades incomprensibles contra quienes, en su momento, fueron sus opositores. Y han cometido el mismo error… estaba a punto de decir, que sus antecesores… pero olvidaba que no hubo cambio y que siguen siendo los mismos de siempre. Y aunque parece que no se les puede pedir que abandonen sus odios tan enraizados, lo que esperamos, como mínimo, es que dejen de tramar venganzas en la oscuridad de su oficina, se enfoquen a cumplir su función y permitan que los demás hagan su trabajo, sin obstaculizarlos.

Valga decir que los importantes cuadros políticos que conformaron el otrora grupo opositor no esperan canonjías de la dirigencia, ellos solos se bastan para lograr sus objetivos rumbo a la siguiente elección. Bastaría mencionar la destacada labor de Esmeralda Cárdenas en la SEDESOL, de Brenda Gutiérrez en la presidencia municipal de Villa de Alvarez, de Salvador Fuentes en la diputación local por Coquimatlán, o de Gabriela Benavides en el Ayuntamiento de Manzanillo. Pero la amenaza de una intervención tendenciosa de la dirigencia estatal para beneficiar a sus amigos, esta latente.

 El diputado Salvador Fuentes evidenció recientemente la falta de tacto y capacidad de conciliación del actual dirigente estatal. Cuando este les dijo a los diputados panistas que no les conviene “tomar decisiones diferentes a las que se tomen en la bancada”. Raymundo González arropado en el discurso de la institucionalidad ignora las opiniones de sus compañeros, y además, amenaza a quienes sean capaces de disentir. Mejor debiera preocuparse por realizar una labor de mayor acercamiento y comunicación para llegar a consensos internos. Eso solo se logra cuando se tiene la capacidad de escuchar los puntos de vista de los demás, tomarlos en cuenta para enriquecer la opinión propia y así construir un consenso general. El nombramiento de la actual coordinadora de la fracción es otra simulación absurda, pues el propio Raymundo sigue siendo el que maneja el grupo. Un verdadero acto de apertura y conciliación hubiera sido nombrar como coordinador al diputado Salvador Fuentes, que no le faltan capacidades para serlo, pero sabemos que era imposible esperar esa actitud y disposición de conciliación y unidad.

 Esperamos que las cosas mejoren y que la dirigencia realmente respete a quienes representan una parte importante de la militancia. Les pedimos que dejen de utilizar el poder y su posición para tratar de afectar a sus propios compañeros de partido.

 ¡Recuerden! “El cargo […] dura tres años y la vergüenza toda la vida”.

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