Día del trabajo

El primero de mayo es considerado el día internacional de los trabajadores. Esto en conmemoración de aquellos que dieron su vida por defender los derechos de los trabajadores. Como los mártires de Chicago en Estados Unidos, quienes iniciaron una huelga el 1° de mayo de 1886 para exigir el establecimiento de la jornada de ocho horas. O en el caso de México, los trabajadores asesinados en las huelgas de Cananea (1906) y Río Blanco (1907), por exigir un cese al maltrato y explotación laboral. Este día es una fecha muy importante para nuestro país porque gracias a muchos hombres y mujeres valientes hemos alcanzado los actuales derechos laborales consagrados en el artículo 123 de la Constitución Federal, y en la Ley Federal del Trabajo vigente.

Sin embargo, la lucha obrera no siempre ha sido utilizada en beneficio de los trabajadores. Solo basta recordar, como nos relata Francisco Martin Moreno en el libro Mitos de la historia de México, que el sindicalismo ha sido un instrumento de los líderes y los políticos para mantenerse en el poder, sin importar las consecuencias que sus acciones tengan para el país y para los trabajadores. Un caso para traer a la memoria es aquel pacto secreto celebrado entre el general Álvaro Obregón, entonces candidato a la presidencia de la república y Luis Napoleón Morones, mejor conocido como el “marrano de la revolución”, líder fundador de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), a través del cual se comprometía el apoyo de los trabajadores a la campaña presidencial de 1919, a cambio de ciertas prebendas, como la creación de una Secretaría del Trabajo que quedaría a cargo de uno de los dirigentes de la CROM, la aprobación de una ley que legitimara la cláusula de exclusión, y la obtención de recursos para que dicha central hiciera propaganda en todo el país. Con esto la ley les facultaba para despedir del trabajo a quienes se les opusieran y acceso a recursos del erario para realizar sus labores sin tener que ser auditados, lo que les permitiría llenarse los bolsillos con recursos públicos y las cuotas de sus agremiados. Con ello se inauguró el uso político de los trabajadores, y los líderes sindicales se convirtieron en políticos dispuestos a vender a sus agremiados al mejor postor.

Hoy en día las cosas no han cambiado mucho, y las reformas legales que establecieron la clausula de exclusión, y el acceso de los líderes sindicales a cuantiosas sumas de dinero con total opacidad, le han hecho un gran daño a nuestro país. Sin que hasta hoy se haya hecho algo para cambiar la situación. Pues la reciente reforma laboral impulsada por el ejecutivo, en la que se propone eliminar la clausula de exclusión y la cuota obligatoria, así como la obligación de transparentar los recursos de los sindicatos, sigue congelada en el Congreso de la Unión por una mayoría priísta que sigue en contubernio con líderes corruptos. Y hoy celebra pactos abiertos e irresponsables con las centrales obreras a cambio del uso electoral del sindicalismo. Promoviendo el enriquecimiento escandaloso de algunos de ellos, como ha sucedido con los dirigentes del sindicato petrolero o el de maestros. Algunos hasta se incorporan al gobierno como funcionarios, como legisladores o gobernadores, mientras que los obreros accedieron a “conquistas sindicales” que han terminado por quebrar a las empresas.

Desafortunadamente este fenómeno ha perjudicado a los trabajadores, pues la autentica lucha por sus derechos laborales se contaminó con las ambiciones políticas de sus líderes, y hoy en día ya no pueden entenderse muchos sindicatos sin ese maridaje indecente con el PRI. Por ejemplo, el desfile conmemorativo del 1° de mayo de este año se convirtió en un evento electoral, es decir, una plataforma de propaganda para los candidatos de ese partido, no como un homenaje a los mártires de Cananea o Rio Blanco, o la lucha por mejores condiciones laborales. Aspectos, estos últimos, que suelen aparecer en la marcha solo como un destello accidental.

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