Criticas


¿Qué clase de política nos ofrecen los hombres de Estado en Colima? Los tres poderes estatales: ejecutivo, legislativo y judicial cumplen una función primordial para la sociedad. Sin embargo, cabe preguntarse si usted amable lector conoce la agenda de política pública que tiene cada poder, es decir, la identificación de los mayores y más urgentes males que enfrenta la sociedad y la estrategia que tiene el gobierno para resolverlos.

¿Cómo pretende el gobierno estatal resolver el grave problema de violencia que enfrenta el Estado? ¿Cómo se generaran mayores oportunidades de empleo y educación para los jóvenes? ¿Con que medidas se combate la corrupción y la falta de transparencia gubernamental? ¿El gobierno maneja responsablemente los recursos públicos? Todos estos problemas afectan sensiblemente a los colimenses y han sido evidenciados por encuestas y estudios de opinión tanto nacionales como internacionales.

Sin embargo, o no existe claridad en los objetivos, o hay poca eficacia en la estrategia comunicativa del gobierno estatal. De lo poco que sabemos es que se presume la construcción de una carretera que no se ubica en su territorio, y en la que no invirtió absolutamente nada de dinero. Que curiosamente todo legislador presume también como logro propio. También se sabe de inversiones millonarias para fraccionamientos privados. ¿Pero qué hay de la política social del gobierno estatal? Prácticamente es inexistente.

El poder legislativo no se ha distinguido precisamente por su activismo. Seguramente usted tiene claro la agenda política de los legisladores en lo particular pero ¿Conoce la agenda legislativa de nuestro congreso estatal? Se presentaron iniciativas contra la trata de personas, encomiable esfuerzo, pero al igual que otras valiosas propuestas siguen congeladas. ¿Qué ocurrió con la iniciativa de ley para la protección de los animales? ¿Por qué una reforma electoral al cuarto para las doce?

Este congreso se ha caracterizado por aprobar reformas al vapor, amenazadas por la anulación en los tribunales. El legislador debe ser básicamente un visionario que no solo conoce la realidad de su ciudad sino que es capaz de anticipar los riesgos o amenazas futuras, de lo contrario no irá empujando sino que será empujado. ¿Qué leyes o reformas se promueven en materia ecológica o de protección del medio ambiente? ¿De qué manera se prevé el crecimiento urbano? Una ciudad que crece en población, crece también en problemas. ¿Cómo se previene la delincuencia juvenil y se promueve o estimula el deporte? Qué ley o reforma se ha planteado en ese sentido. Bueno, supongamos que la hay, ¿dicha ley funciona? Sino ¿Cómo se reformara para darle efectividad? Empezando por la propia asamblea popular, no existe pluralidad, transparencia, democracia y respeto entre los distintos diputados. El que no es gris, es atacado y hostigado por alzar la voz.

El poder judicial encargado de administrar justicia. Órgano disfrazado de imparcialidad, pero lleno de politiquería. No hay respeto al servicio profesional ni igualdad de oportunidades en el acceso a los cargos judiciales. Cuna ancestral de dadivas y propinas entre funcionarios judiciales y litigantes. Practica indebida de la que nadie se queja, y a la que nadie combate. Es la corrupción institucionalizada. Poder que se debe al pueblo pero que evade al pueblo, inmerso en la opacidad y la falta de transparencia. No reconoce su responsabilidad para con los ciudadanos, sino que tiene clara su lealtad política. Se dice que es ejemplo en la implementación de los juicios orales pero poca gente conoce sus beneficios. Es un poder con una gran deuda social.

Hace poco en una conferencia magistral escuche un comentario fuera de lo común. El conferencista criticaba a los que critican. Pues decía que aquellos articulistas, comunicadores e incluso académicos que ejercen la crítica mordaz contra los que gobiernan solo están contribuyendo a destruir la política, contribuyen a su debilitamiento y desprestigio. Y en ese tenor complican aún más la recuperación de la confianza en una actividad esencial para la sociedad. Incitaba a admitir que la política es un mal necesario, y que en lugar de contribuir a su ruina deberíamos encontrar la forma de contribuir a su engrandecimiento. Coincidí con él en que no hay que contribuir al desprestigio de la política sino a su mejoramiento, pero no estoy seguro que esa contribución deba fundarse solo en el elogio, o en el silencio.

¿Tienes algo que decir? Seguir adelante y dejar un comentario!