Como escribir una columna

Primero. Te das cuenta que faltan unas horas para que se cumpla el plazo que tu editor fijo para enviarle por correo electrónico tu escrito. Fiel a la costumbre del mexicano dejas todo para el último, y aunque culpas al clima, tus ocupaciones u otro asunto, sabes que simplemente no has hecho las cosas a tiempo. Por lo tanto, habiéndote colocado en un estado de urgencia innecesaria, pasas a encender la computadora, revisar las noticias de los últimos días y repasar las columnas locales o  nacionales. Todos los temas te parecen triviales y crees que ninguno es lo suficientemente interesante para escribir sobre él, máxime que las columnas que lees piensas que lo han hecho lo bastante bien como para pensar que queda algo por decir.

Segundo. Tratas de rescatar párrafos o columnas enteras no publicadas, que guardas en tu carpeta de archivos anteriores llamada “Columnas”, pero las encuentras desfasadas, como algo pasadas de moda, llenas de citas de autores desconocidos, así que finalmente acabas por renunciar a utilizarlas. Tomada esta decisión cierras la carpeta de archivos históricos, y abres una página de Word en blanco decido a recordar lo que leíste en los periódicos, los comentarios de la oficina o simplemente tus propias impresiones más recientes sobre la política u otros temas relevantes. Ya decidiste ser autentico, generar tu propio análisis y aportar algo novedoso. Decidiste exprimir el cerebro hasta crear algo más o menos decoroso

Tercero. Crees que debes hablar de temas realmente importantes, que provoquen un llamado a la conciencia de las personas, porque un espacio tan valioso debe ser aprovechado al máximo para intentar cambiar las cosas en tu comunidad. Piensas en las ideas de grandes intelectuales del pasado (Sócrates, Platón, etc.), pero luego recapacitas que debes ser más actual y hablar de lo de hoy, quizá debas seguir la línea de los líderes de opinión a nivel nacional como Miguel Ángel Granados Chapa, Denise Dresser, Federico Reyes Heroles, Sergio Sarmiento, Héctor Aguilar Camín, etc. pero basta una hojeada para darte cuenta de que desconoces los temas y gran parte de la información. Así que te conformas con hablar de cosas locales y de cierta trivialidad.

Cuarto. Resignado a tus posibilidades periodísticas redactas una línea sobre el tema en boga en la prensa local, reforma electoral, puentes en tercer anillo periférico, etc. Pero en seguida lo borras por creer que debes tener un comienzo más llamativo, de lo contrario nadie te va a leer. Luego que lo piensas mejor, te das cuenta que de todos modos escribas lo que escribas pocos son los que leen el periódico y en especial tus columnas. Eso te reconforma un poco pero no te libra del problema, así que continuas de borroneo en borroneo hasta lograr una cuartilla incipiente.

Quinto. Aún con tus reservas has terminado el texto, y aunque no lo crees brillante, sientes que es aceptable. Entonces debes enviarlo al editor. Abres el correo electrónico y lo pegas en el cuadro de texto. Le das enviar y emites un leve suspiro de alivio. Al rato, recuerdas tus opiniones y crees que pudieron ser más amplias y que tal vez les falto algo, pero con todo y eso deseas que tu editor las reciba.

Sexto. Al día siguiente buscas el periódico y lo lees por entero, pero dejas al final tu columna. Como reservando lo mejor para el final. Te halaga ver impresas tus ideas en un pedazo de papel. Auto elogias tus mejores frases y supones que lo que falto decir será bien interpretado por el audaz lector. Finalmente, solo esperas que alguien lo lea.

¿Tienes algo que decir? Seguir adelante y dejar un comentario!