Ciudades en Volcanes

Como parte del “Congreso Mundial Ciudades en Volcanes 7” se organizan diálogos abiertos en los que la población, autoridades y científicos intercambian inquietudes, preocupaciones, dudas e ideas sobre lo que significa vivir cerca de un volcán activo. Es muy interesante presenciar la interacción entre especialistas de la materia y el público en general porque se contrastan creencias y puntos de vistas diversos. Es decir, quienes se han formado en esta disciplina o han dedicado gran parte de su vida a la protección civil y han participado en los principales siniestros, además de compartir sus experiencias, escuchan las inquietudes y propuestas de quienes intentan hacer una aportación al tema desde la sociedad civil organizada, o como ciudadanos en lo individual.

Este esquema de intercambio de opiniones permite por ejemplo que alumnos sin experiencia, pero con muchas inquietudes, puedan debatir con funcionarios experimentados como Melchor Urzúa. Que lideres sociales critiquen las decisiones o enfoques de la autoridad cuando toman una decisión de trascendencia para la población, como el caso de la reubicación del poblado de la Yerbabuena por el riesgo volcánico de 1998. Lo que hace necesario comprender la importancia de respetar los derechos humanos de los habitantes de las comunidades y tomar las decisiones con su participación y consentimiento. Asimismo, es singularmente provocador escuchar a un ciudadano proponer que se tomen en cuenta las reacciones de los animales, porque los perros y vacas, entre otros animales domésticos “presienten” los siniestros y se muestran inquietos antes del evento. No podemos descartar la sabiduría popular, porque muchas veces los mismos pobladores de comunidades en zona de riesgo conocen mejor que nadie los volcanes y pueden enriquecer cualquier punto de vista al respecto. Sin embargo, es común que alrededor de estos colosos se forme una cosmogonía particular que implica creencias de tipo religioso o mitológico. Tan solo en lo que se refiere al nombre de nuestra ciudad “Colima”, una de las interpretaciones dice que proviene de la palabra náhuatl “coliman”, donde “colli”, significa volcán y “maitl”, dominio; es decir: “lugar donde domina el Dios del fuego”, refiriéndose al volcán. Por lo que es innegable la influencia que ejerce el coloso de fuego sobre la imaginación de un pueblo, al grado que llega a constituir un elemento fundamental de su identidad. Así que no es extraño que una de las intervenciones de ciudadanos, en estos diálogos abiertos, fuera para recitar algunos poemas inspirados por el volcán a reconocidos poetas locales, como Griselda Alvarez.

A todo lo anterior debemos agregar que en este congreso participan cerca de 300 científicos provenientes de 42 países de los cinco continentes, lo que representa un bagaje de inusual trascendencia para nuestro país y en particular para nuestro Estado, pues las experiencias y conocimientos que se expondrán aquí tendrán seguramente un efecto muy positivo en el conocimiento y la prevención ciudadana ante las erupciones volcánicas. Dentro del programa incluso se contempla la realización de un simulacro de evacuación en la comunidad de la Yerbabuena, así como visitas guiadas al coloso. Una de las enseñanzas más importantes para los ciudadanos es que “vivir cerca de un volcán” implica la responsabilidad de estar preparado para cualquier riesgo derivado de la actividad volcánica, por lo tanto, no se trata solamente de un deber de las autoridades hacia los ciudadanos, sino una responsabilidad compartida entre gobierno y ciudadanía, donde la más importante es proteger la vida de las personas.

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