¿La Adulación Como Sistema?

De Ficciones y Realidades

Se dispuso el mejor escenario: cortinas rojas, vino tinto, copas de fino cristal, flores vivas y olorosas, zapatos de charol, traje de marca, un salón con la amplitud y pulcritud debidas. Es cierto, hay amor en el ambiente, pero no se trata del encuentro de dos amantes, es la fiesta que ha sido organizada con motivo del último informe de labores del actual gobernador. El acceso es publico, pero curiosamente esta abarrotado de hombres y mujeres que salen en los periódicos. Todos visten para la ocasión, sus ropas son de gala, han dejado las camisas de manga corta y se han puesto corbata. El festejado pronunciará el discurso central, todos juntaran sus palmas y sentirán emoción por sus palabras. Sus “amigos” han acudido a despedirle con frases de conformidad para hacerle placentera su retirada: ¡Fuiste el mejor, nadie como tú, es imposible no ver el progreso en tu gobierno: nos diste un lugar ante el gobierno federal, gestionaste la regasificadora y la presa El Naranjo, y creaste el programa de entretenimiento educativo Eco Aventura! fueron quizá solo algunas de las palabras de sus camaradas. Otro despistado dirá: ¡eres el mejor calificado de todos, los números en la boleta de calificaciones lo dicen!

Una mujer le grita consignas al festejado desde las afuera del recinto: ¡Corrupto! ¡Ratero! ¡Sinvergüenza! ¡Embustero! ¡Dejaste un desastre en el Estado, principalmente en salud, seguridad y en la economía! Nadie supo la identidad de aquella mujer, algunos dijeron que había sido pagada por los enemigos del gobernador, que era una panista de ultraderecha, que estaba loca, que debía ser ignorada. Se propagó con rapidez la versión de su locura entre los asistentes, todos se sintieron cómodos con creerlo y la fiesta continuó apenas explicado el incidente. Pero uno de los invitados salio a increparla y le dio una bofetada por blasfema, no creyó la versión de su locura, pensó más bien que actuaba de mala fe, ante la verdad evidente y a la vista de todos de que el gobernador es el mejor de cuantos gobernantes han existido, y su gobierno el más progresista de la historia. Quienes presenciaron la agresión la desaprobaron en su interior, pero externamente mostraron absoluta indiferencia.

Para los “amigos” del gobernador aquel que no esta de acuerdo solo representa una voz estridente y carente de sentido, que solo difama a la sociedad, a las instituciones y al gobierno, su visión no es mejorar Colima.  Es gente mezquina con pobreza ideológica que se niega a sumarse al interés colectivo. Se le exige entonces a la mujer gritona que se calle, su pobreza ideológica o mezquindad no le permite entender lo bien que esta Colima. Que va a entender ella de las pensiones millonarias recientemente aprobadas, del incremento de la deuda estatal que representa el endeudamiento de generaciones enteras, de los privilegios de la clase política gobernante. Tal vez sienta incomodidad cuando el dinero no le alcanza para comprar el mandado, preocupaciones constantes por la seguridad de sus hijos ante las ejecuciones en plena luz del día, en lugares públicos, pero realmente no puede entender las cosas, es una persona con pobreza ideológica.

 Pero la mujer ha optado por los extremos, ha ofendido la integridad del gobernador cuya imagen es intocable, ha proferido palabras que le han calado su ánimo. Parece que la moderación encuentra mejor expresión en el gobernante que en el inconforme, y no es difícil explicarlo, el uno esta ubicado en la burbuja que otorga el poder, colmado de toda clase de bienes, la otra en el laberinto de la vida diaria merced a sus limitadas fuerzas y recursos. ¿Es ella pues la obligada al recato, su sola palabra de protesta es una blasfemia al sistema, a las instituciones, y por extensión a la sociedad?

Los ojos que observan la realidad y los cuerpos que sienten sus consecuencias, son muchos y diversos, asegurar que solo existe una sola interpretación: la única y verdadera, a la cual todas las demás deben someterse es una intolerancia inaceptable. Ese es el sistema de los aduladores del poder, el mundo en el que viven, beneficiados del gobierno, su estatus les obliga a imponer su propia realidad a una sociedad que por fuerza debe reducirse a esa visión. O bien, se les conceden dos opciones: una, callar aunque su situación sea crítica, o dos, vacacionar unos días en el manicomio.

P.D. ¿Pateamos al gigante o ponemos el hombro al caído?¿Somos el gigante, el postrado, o el loco? En esta obra de la vida real cada quien adopte su lugar: ser parte del elenco, de la utilería, o solo ocupando una butaca del teatro: como espectador.  Y pareciera que nuestra versión de las cosas depende del papel que desempeñamos en esta obra. ¿Habrá que encontrar el equilibrio reflexivo?

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